Las grietas hacia la tribu – SMLM18
Mi hijo tenía diez días y pesaba casi cuatro kilos. Se pasaba el día feliz pegado al pecho y cada revisión nos felicitaban por el peso que había alcanzado, pero mis pechos eran más grandes y duros que los de la Barbie y tenía unas grietas de la profundidad del desfiladero de Mont-rebei. Cada vez que intuía que Enric volvía a tener hambre yo ya sudaba (y eso que sólo era mes de abril). Sólo de imaginar que aquel boquilla dulce y carnosa…