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“Me encasquetaron una lactancia mixta que no deseaba”

“Me encasquetaron una lactancia mixta que no deseaba”

Una lactancia mixta no deseada fue el punto de partida de esta usuaria de LactApp tras un final de embarazo y un parto muy diferentes a lo que había pensado. Hoy os dejamos con este relato de lactancia. Recordad que podéis enviarnos el vuestro a [email protected] si os apetece compartirlo con nuestra comunidad.

 

Tuve un embarazo perfecto hasta la semana 29. Apenas tenía barriga, y de hecho me cogí la baja en el trabajo sin que la mayoría de compañeros supieran que estaba embarazada. Hasta entonces, todo había ido perfecto. Todas las analíticas y cribados habían salido bien, no tenía factores de riesgo ni historia de enfermedades previas. No tengo ni 25 años y no nos costó nada quedarnos embarazados (al primer mes de intentarlo). Sólo tenía alta la tensión arterial por el síndrome de la bata blanca (también me controlaba las tensiones en casa y entraban dentro de los límites de la normalidad). La matrona del centro de salud me llegó a decir que no le iba a dar ningún trabajo. Todo parecía idílico hasta la semana 29.

Llevaba el seguimiento del embarazo tanto por la Seguridad Social como por la mutua (en el centro donde quería ir a parir). Esa semana tenía visita con la ginecóloga de la mutua, que me realizaba una ecografía en cada visita. Y entonces apareció el diagnóstico: feto PEG (pequeño para edad gestacional). Estaba embarazada de 29 semanas y, no obstante, mi bebé tenía un peso que correspondía con un feto de 27 semanas. Empecé a escuchar la palabra ‘percentil’ más veces de las que la escucharé en el resto de mi vida. De momento, eso sí, no parecía preocupante, pues se encontraba en un percentil 10 (en el límite), y todo lo demás estaba bien. La ginecóloga tuvo bastante poco tacto. “Ya decía yo que tenías poca barriga para estar de tantas semanas’’, fue su comentario estrella. Y, cuando me comentó el diagnóstico, “estate tranquila”. Tranquila sí y no. Ella no sabía que soy enfermera y que, aunque no soy, algo sabía del tema. A partir de entonces, reposo relativo (no en cama, pero sin sobreesfuerzos) y mejorar mi alimentación (esto me hizo sentir culpable).

La culpa me persiguió el resto del embarazo. Pensaba que la bebé estaba creciendo menos porque había estado sometida a mucho estrés (hay estudios que confirman el estrés como una causa de retraso de crecimiento), porque había realizado sobreesfuerzos o porque había llevado una alimentación que no era óptima. A partir de entonces: ansiedad, insomnio, ciática, fatiga, acidez, reaparecieron náuseas, y aumento de peso importante. Desde antes de quedarme embarazada tenía claro que mi deseo era optar por la lactancia materna exclusiva y, tras conocer el diagnóstico, aumentaron mis ganas de poder hacer LME y que la bebé se beneficiara de todos los pros que proporciona. Soñaba con el momento de tenerla en brazos y ponérmela en mi pecho, pero no podía dejar de pensar en que quizás no llegaría a nacer vivo.

Las siguientes ecos (tenía control cada 2 semanas) no fueron nada optimistas. De PEG pasamos a CIR (crecimiento intrauterino retardado), con un percentil 3 y el doppler de las arterias uterinas alterado. El flujo sanguíneo placenta-bebé estaba alterado hasta lo patológico, es decir, no le llegaban los nutrientes ni el oxígeno en la medida que cabía esperar. Con esto me olvidé de la idea de parto natural que tenía en mente. Aunque, sinceramente, era lo que menos me preocupaba. Quería que naciera sana, de la manera que fuera. Me seguían haciendo analíticas y no encontraban el motivo y hasta la misma semana del parto no se pudieron detectar marcadores de preeclampsia leve.

Mi hija nació en la semana 37 tras una inducción que acabó en cesárea de urgencia justo en el momento en que iba a empezar a empujar. Objetivamente fue una cesárea bastante traumática: todo corriendo, con muchísimo dolor, sin mi pareja presente, no pude ver el pinzamiento del cordón umbilical… Estuve llorando y gritando durante todo el procedimiento, pero muy quieta, porque escuché que si no me tranquilizaba me iban a tener que intubar (tal cual). Subjetivamente, no fue el parto deseado, pero había contemplado esa posibilidad con total naturalidad. Poco me importaba el tipo de parto una vez oí llorar a la bebé en quirófano, me confirmaron que todo estaba bien y pude verle la carita y besarla. Fue amor a primera vista. Me la sostuvieron unos minutos,y posteriormente la llevaron con el padre, que entró al quirófano a los 2 o 3 minutos después. Sin duda, ‘deshacerme’ de ese embarazo fue lo mejor que me pudo pasar. El embarazo son 9 largos meses, el posparto puede ser infinito, pero el parto es un momento.

Me sorprendió que en un hospital maternoinfantil referente en España y en el mundo no me ofrecieran hacer piel con piel con la bebé y, no solo eso, sino que, al proponerlo yo, me dijeran que ‘’mejor que estuviera vestida para que no pasara frío’’. Me sentía vulnerable y no fui capaz de defender mis derechos. Estaba con una bebé sanísima encima de mí y no tenía ánimos para nada más que para dedicarme a ella. En reanimación me la pusieron en el pecho y se cogió bastante bien (tengo los pezones un poco cortos, según comentaron las enfermeras).

Como la bebé era pequeñita (pesó 2kg), podía tener mayores dificultades para agarrarse al pecho y mantener la lactancia materna, y así me lo hicieron saber. Una vez en planta, tardaron cero coma en pedirme que comprara pezoneras inmediatamente y en encasquetarme una lactancia mixta que no deseaba de ningún modo. Antes de introducir los suplementos de leche artificial, todas las glucemias de la bebé habían sido normales, pero erre que erre, me insistían en que debía darle los suplementos después del pecho. Fueron bastante pesadas en ese aspecto. La verdad es que la bebé decía que el suplemento para mí (prácticamente siempre lo rechazaba, se quedaba saciada con el calostro). Perdió el peso que le tocaba durante el ingreso, y al quinto día de vida ya estaba recuperándolo. En planta recibí información contradictoria por parte de las profesionales sanitarias. Se hizo evidente la falta de formación en lactancia materna que tenían. Que si tienes que hacerle cosquillas a la bebé para que se despierte, que si no… Yo pedía ayuda porque no encontraba la posición correcta, porque la bebé succionaba poco rato de la pezonera y se dormía… y porque empezaba a tener dolor. No me solucionaron absolutamente nada.

Una vez dadas de alta (a las 48h de la cesárea), nos tocaron muchísimas visitas con la matrona del centro de salud. La cuestión era que yo tenía muchísimo dolor durante toda la toma, veía las estrellas. Además, teníamos que hacer tomas muy frecuentes para el tema del aumento de peso (cada hora y media teníamos que ofrecer pecho, y nunca lo rechazaba). El primer problema en aparecer fue ese, el dolor, que me ha acompañado hasta hace bien poco (ahora tiene 2 meses la bebé).

El segundo problema fue una ingurgitación mamaria con la subida de la leche. Fuimos a la matrona para consultar el tema del dolor y se encontró con un pecho muy duro, doloroso con el simple roce de la ropa, y cargadísimo de leche. La bebé había estimulado muchísimo la producción con las tomas tan seguidas. Me derivaron al momento al hospital para hacer una extracción con sacaleches. La bebé debía tener en ese mometo 5 o 6 días de vida, y me consiguieron extraer 90cc entre los dos pechos. El alivio fue importante. Fue de los pocos problemas que me han solucionado durante la lactancia, siendo sincera.

Yo seguía pidiendo hora con la matrona para consulta de lactancia, pues el dolor no mejoraba. Encontraban explicaciones, pero no lograban darme una solución: mal agarre, mucha ansia al principio de la toma, mucha fuerza, posible contractura, boca pequeña, mala postura… Llegué a tener herida abierta en un pezón y estuve un día sin ponérmela en ese pecho, del miedo a que me hiciera más daño. En la consulta probaron también a quitarme la pezonera… pero el dolor era más intenso. Me insistieron en usar la postura de balón de rugby que a mí no me resultaba NADA cómoda, también en sacarme leche del pecho contrario al de la toma, para descansar el pezón y hacer lactancia diferida. Bastante agobiada estaba yo con el reloj cada hora y media dando pecho, como para encima someterlo a más dolor con el sacaleches. Cosas que no se ajustaban nada a mi estilo y ritmo de vida, consejos poco prácticos, nada personalizados, atención holística 0, todo era de manual. En una de las visitas, una matrona me hizo ver un poco la luz… la pezonera que me recomendaron en el hospital no era de mi talla y me estaba apretando demasiado. Me compré una talla mayor y ALGO mejoró, pero el dolor seguía ahí, pues ya tenía los pezones muy sensibles, y con cualquier mínimo roce quería morir. Propuse a una matrona si quizás podría ser culpa del frenillo lingual, pues nadie se lo había valorado hasta el momento, y me dijo que sí, que tenía un frenillo atípico, pero que podía estar provocando el dolor. La frenectomía no sirvió para absolutamente nada. El dolor seguía.

De repente, un día, después de un mes y pico de dolor, dejó de hacerme daño. Se había solucionado ‘solo’ el problema. Supongo que por el crecimiento de la bebé, por la experiencia que hemos cogido ambas y por el cambio de talla de la pezonera, que ya no friccionaba el pezón. Sí que es verdad que la pezonera sigue ahí, todavía no me he atrevido a quitármela, por miedo al dolor, pero lo cierto es que no tengo los pezones sensibles y doloridos como los tenía durante el primer mes y medio, prácticamente.

Ahora llevamos unas 3 semanas de lactancia materna instaurada, se podría decir. Estoy orgullosa de no haber tirado la toalla, aunque he estado al límite más de una vez. De llorar desesperada por no saber qué estaba haciendo mal, por sentirme culpable por no poder darle tranquilamente el pecho a mi hija, por intentar cosas varias hasta el punto de someterla a una frenectomía y que no se produjera ningún cambio en el dolor tan intenso que sentía. Ha sido un camino muy duro, un mes y medio larguísimo en ese aspecto. Ahora estoy feliz con la LM casi exclusiva que hacemos. Casi exclusiva porque alguna vez hemos necesitado recurrir a un biberón de leche artificial: alguna noche en que yo me he encontrado muy mal y le he dejado al padre la batuta de la alimentación, y alguna vez que se ha quedado con la abuela y pedía comer, mientras nosotros llegábamos de vuelta, para que no se desesperara. Yo lo digo: mejor una toma de leche artificial que no que pase hambre, ya que al sacaleches le he cogido bastante manía.

Quizás cae un biberón a la semana, pero tengo una bebé tan inteligente que se coge al pecho (ahora sí) perfectamente, que sabe utilizar la tetina del biberón Calma, del anticólicos de Philips y del que le pongas delante y, para más inri todavía, alguna vez se me ha caído la pezonera mientras dormía, y ella misma se ha agarrado al pezón sin la interferencia del plastiquito. Por lo que con eso me ha demostrado que ella está más preparada que yo para adentrarnos en el siguiente reto: eliminar las pezoneras de nuestra lactancia.

Pienso que, quizás, si nunca nos hubieran coaccionado para comprar la pezonera (me dijeron hasta la talla que debía comprar sin medirme el pezón), la lactancia hubiera sido un éxito desde el principio. Con la pezonera pequeña empezó el dolor, probablemente de la fricción del mismo contra el pezón. Con este cúmulo de adversidades vividas sí que puedo sentirme orgullosa de haber seguido hacia adelante, y de poder darle lo ‘mejor de mí’ a mi pequeña, para hacerla crecer fuerte y sana, sin dolor, cómoda, a gusto y feliz.

Agradecida también del descubrimiento de Alba Padró en redes, y de su maravilloso libro ‘Somos la leche‘ que, sin duda, debería haberme comprado antes del parto para disfrutarlo y ayudarme a entender todo por lo que iba a poder pasar, sin llegar a desesperarme. Sin duda, la información es poder.

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6 comentarios sobre ““Me encasquetaron una lactancia mixta que no deseaba”

  1. Es una pena que hoy en día sigan pasando estas cosas en los hospitales. Leer esta historia me hizo recordar a mi primer parto y lactancia. Mi hija nació en la semana 36 y me obligaron a darle suplementos de leche artificial ya que querían que mi hija cogiera peso lo antes posible, en el hospital y cuando salimos y veíamos a la matrona cada día.
    Con el segundo, elegí otro hospital. Mi hijo nació en la semana 36 también e incluso más pequeño que su hermana. También me ofrecieron darle suplementos de fórmula, pero no me obligaron. Y dieron más tiempo al bebé para que creciera a base de leche materna y sin presiones. Fue una experiencia mucho menos estresante y traumática

  2. Como me identifico con este texto.. Mi bebé fue CIR también, venía de nalgas y nació directamente por cesárea programada de un día para otro. Aceptar ese nacimiento para mí fue complicado también.
    Las glucemias en su caso eran siempre “justas” y no se agarraba al pecho.. así que entramos en una rueda de alimentación con jeringuilla cada 2h, y siguiente extracción con sacaleches por mi parte que me agotó física y psicológicamente. Salí del hospital 5 días después inmersa en un llanto que nada podía calmar, porque no sabía dar el pecho, no lograba alimentar a mi bebé y tenía el miedo al re-ingreso detrás mío…
    Menos mal que la insistencia en hacer LM hizo la magia, y mi bebé, tras mucho dolor y de nuevo, lágrimas, se enganchó al pecho, y dejamos de necesitar la fórmula.
    Ánimo a todas las mamás que luchan por establecer LME. Podemos, solo debemos encontrar a alguien que nos ayude a aprender cómo y empoderarnos!

  3. Hola, sobre el tema del parto tuve una experiencia similar. También había un problema con la placenta y recién en las últimas semanas de embarazo vieron que venía bajo de peso. Pero por suerte después del parto, el pediatra del hospital fue muy amable y cariñoso y nos ayudó para que se prendiera correctamente. Nunca le di biberón y aunque al principio usé pezoneras y fue difícil, después de mes y medio, me las quite..inténtalo. Ya con poco más de dos años me siento satisfecha de no haber desistido de la lactancia materna y ya casi acabando el destete. Ánimo

  4. Me saco lágrimas este relato.. , me identifico tanto y sin duda que la información y persona como alba padró me hace mantener la esperanza a que una próxima lactancia sea más placentera y exitosa.

  5. Hola Chicas:

    a mí parece que un dios me ha maldecido con la lactancia. He sido madre de un niño y una niña y en los dos casos me he quedado con ganas de alimentar a mis hijos. Mis embarazos en los dos casos, fueron estupendos, de manual, pero con el primero se adelantó un par de semanas, sólo eso, pesó poco menos que lo normal, pero hasta ahí. El problema es que se rompió la bolsa más que que me pusiera de parto y se sucedieron un montón de contratiempos derivados de las prisas y demás ya que además el bebé se hizo caca dentro. El caso es que no salía y usaron forceps para sacarlo. Yo sólo sé que no conseguí que cogiera el pecho, lloraba y pensé que pudo ser por los forceps (tuvo que ir a fisioterapia) y que no podía hacer nada pero al final acabé con una depresión post parto.

    Ahora he tenido una niña. El embarazo estupendo, el parto muy bien, sólo se adelantó 10 días, muy bonito, ni siquiera me pusieron puntos pero la nena no se enganchaba al pecho. Después de un trabajo duro, lo conseguí y el primer mes le pude dar lactancia materna en exclusiva. Pero al llevarla al pediatra la primera vez, la pesaron y salió que pesaba menos que cuando nació. Me dieron una semana más pero la siguiente vez sólo engordó 30 g y me hicieron que le diera un biberón. Así se sucedieron las semanas que iba engordando algo pero casi siempre por debajo de 100 g por lo que me obligaban a darle otro biberón más en cada ocasión. Estuve manteniendo lactancia mixta hasta que ya mi nena no quiere mi pecho, además imagino que ya no tendré casi nada. Lo peor es que pienso que esa báscula estaba mal calibrada pero no me hicieron caso. Ahora me encierro en mi dormitorio para llorar, no sé cómo saldré de esto ahora.

    1. Hola Conchi, te mandamos un abrazo de elquipo! Si lo necesitas podemos atenderte en el Canal de Consultas de nuestra app LactApp. La puedes descargar gratuitamente y hacer la consulta en el apartado ‘Contacto’. También puedes pedir una visita con nosotras en lactapp.es/visitas Gracias!

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