De qué hablo cuando hablo de parto respetado – Semana Mundial Parto Respetado 2019

De qué hablo cuando hablo de parto respetado – Semana Mundial Parto Respetado 2019

Cuando hablamos de parto respetado, cada persona puede sentirlo o vivirlo de una forma, y es que podríamos verlo desde muchos ángulos o perspectivas… la de la madre, la de la pareja, la del bebé, la de la matrona, la auxiliar, la/el obstetra…

 

Cada persona podría dar una definición distinta del que es para ella un parto respetado, y es que al final aunque podríamos, de hecho existen, protocolos con ítems que abogan por el parto con respeto, la vivencia, la experiencia, la piel de cada cuál es distinta…

 

Lo que me pide hoy del cuerpo es hablaros de algo más tangible, lejos de andarme por las infinitas ramas de los protocolos, la ciencia o de la evidencia.

 

Hoy, como cada año, removida por mi propia piel y la de mi primer hijo, me nace hablar de protección.

 

Protección a la madre, protección a la cría, porque es indiscutible que sabemos que el parto no solo trata de lo meramente físico, de un útero que empuja y una vagina que se abre y de una cabeza que asoma. El parto tiene mucho que decir sobre el posparto, sobre la lactancia, sobre la crianza…

 

El parto es la base sobre la que nacemos. Sobre la que nace un bebé, sobre la que nace una madre, y sobre todo ello, se escriben las horas posteriores, las miradas, las hormonas, la química, el amor, el vínculo, la leche, las emociones… Y sobre todos estos conceptos se crean otras bases que a su vez van a tener que ver con la psicomotricidad, el crecimiento, las relaciones, la conducta, el sueño, la salud, y así, hasta el infinito.

 

Las mujeres somos mamíferas y sabemos que para parir, igual que el resto de mamíferos, necesitamos sentirnos a salvo, confiar, poder cerrar los ojos en el lugar que sea y dejarnos ir.

Es todo lo que necesitamos. Parece tan sencillo y a la vez tan complicado…

 

Claro que hay complicaciones, claro que “menos mal que tenemos un equipo que nos apoya”, claro que a veces las cosas no fluyen… no somos máquinas… Pero no estoy hablando ni de intervenciones, ni de protocolos, estoy hablando del SENTIR.

 

Podemos estar en un quirófano y sentirnos en paz. Una caricia de la enfermera, una mirada, un susurro, un “lo estás haciendo muy bien”, un “¿necesitas algo?”, una sonrisa, un “pedir permiso”, un hablar bajo, etc., no interfiere en nada o interfiere en todo y se puede dar en todas las ocasiones.

No hace falta que nos imaginemos una mujer en cuclillas en un río.

Podemos pensar en una sala de partos y poder llegar a ese estar a salvo de la misma manera. Es “solo” un factor humano, un acompañar, un respetar. Un entender la magia de la biología como más que una ciencia.

 

Ver como el bebé se prende de su madre y no tocar, sencillamente estar ahí, ofrecer esa mirada, ese apoyo para cuando haga falta es empoderar a una mujer que se ha convertido en madre y que en 48 horas deberá llegar a su casa sin apoyo y deberá caminar “sola”.

Qué diferente puede volverse todo si te sientes capaz de si no te lo sientes.

Cómo puede cambiar la estampa cuando maternar es algo que no nos da miedo o si, por el contrario, no creemos en nuestra capacidad de proteger y cuidar a nuestro bebé.

 

Y sí, todo pasa, como mínimo, por el parto y por las primeras horas de después.

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