“Después de 135 días se acaba nuestra lactancia, hijo” por Mireia Serra

“Después de 135 días se acaba nuestra lactancia, hijo” por Mireia Serra

LA IMPORTANCIA DE LOS PRIMEROS INSTANTES POSPARTO PARA UNA LACTANCIA DE ÉXITO

Hoy, después de 135 días, se acaba nuestra lactancia hijo.

He contado cada día que pasaba dándote el pecho como un regalo, que hoy acaba con mucha tristeza pero sobre todo con mucha impotencia. He vivido un posparto durísimo debido a una lactancia llena de dificultades que podrían haberse evitado desde el primer instante.

Os explico mi experiencia por necesidad emocional y también con finalidad reivindicativa. Seguro que, como yo,  muchas mujeres han vivido o están pasando por situaciones similares y pueden pensar que son malas madres o sentirse culpables sin necesidad alguna. Si puedo ayudar aunque sea a una de ellas, ya habrá merecido la pena.

Di a luz a Claudi el 14 de noviembre de 2018 a las 12:48h del mediodía, después de 14 horas de parto natural en el que pude disfrutar de la mayor experiencia de mi vida. Estuve meses preparándome para dar a luz a mi hijo de la forma más respetuosa y natural posible, y lo conseguimos. No fue fácil. Hoy en día, los protocolos hospitalarios no ayudan mucho (quizás sería el momento de revisarlos). Parir como yo quería me hizo sentir invencible y empoderada al máximo, pero aquella sensación sublime y excitante se desvaneció las siguientes horas posparto en donde la lactancia materna no fue lo que imaginaba.

Tengo que reconocer que me preparé mucho para el parto y muy poco para el posparto. En lo relativo a la lactancia, tenía claro que pediría ayuda desde el principio, y así lo hice, aunque no sirvió de nada.

En la sala de partos, mientras miraba a mi hijo, la comadrona del hospital le cogía la cabeza con fuerza y me la empotraba a mi pecho diciéndome que sobre todo pusiera mi dedo entre el pecho y su nariz para no ahogarle. Viví ese momento con mucho estrés cuando tendría que haber sido todo lo contrario: paz absoluta. Aún así, yo obedecía e intentaba que el niño se agarrara rápido al pecho y así lo hizo. Claudi empezó a succionar con fuerza y yo salí de la sala de partos ya con una herida en el pecho. En cuanto llegué a la habitación, pedí ayuda a las enfermeras que me dijeron que era totalmente normal que me doliera. Yo seguía insistiendo poniéndolo en el pecho y estaba contenta porque todos me decían “que suerte, este niño se agarra muy rápido y mama muy bien”. Me quede con este mensaje y pensé que el dolor era normal y que ya pasaría (error).

A media noche, me seguía doliendo mucho y empezaba a tener una herida importante. Toqué el timbre y pedí a la enfermera del turno de noche que quería ver a una especialista en lactancia materna. Su cara de póquer lo decía todo. Se fue tan solo unos instantes y volvió a entrar y desde lejos y sin tan si quiera mirarme el pecho, me dijo que todo iba bien y que el dolor era normal. Entonces pensé que tenía razón, que todo iba siguiendo su curso y que solo era cuestión de tiempo, que se “hiciese el callo”, expresión que también me repitieron muchas veces. Al día siguiente, no habían pasado ni 24 horas y pedí el alta voluntaria. Me encontraba muy bien y el niño estaba bien así que preferíamos estar en casa. Antes de irnos, vino un pediatra a explorar al niño. Primero se lo quería llevar y gracias a mi insistencia lo visitó a mi lado. Lo desnudó sin ningún tacto, nos dijo que todo estaba bien sin entrar en detalles y lo dejó encima de la cuna sin ropa y tiritando mientras nos advertía de que él no nos firmaría el alta voluntaria. En ese momento, nos entró la prisa por llegar a casa y estar tranquilos.

Una vez en casa, el niño no paraba de pedir teta y yo se la daba. El concepto “a demanda” me quedó claro desde el principio y así lo hacíamos. Justo el día que llegué del hospital avisé a una comadrona para que viniera a revisar posturas y a controlar que el niño succionara bien y, aparentemente, todo estaba perfecto. Me quedé más tranquila. Durante los siguientes días yo seguía dándole el pecho a demanda pero cada vez con más dolor y las heridas de los pezones cada vez eran más visibles y tenían muy mal aspecto.

Además, el niño no se separaba ni un minuto de mí, de mis pechos. La mayoría de personas de mi entorno me decían que no era normal, que el niño tenía que dormir en su cama y estar un rato sin mí. Me propusieron aguantarlo dos horas entre tomas para que comiera con más hambre y me vaciara mejor el pecho. Yo estaba muy vulnerable, la cuarentena me había afectado mucho y no podía parar de llorar, solo dudaba de mí misma. Llena de miedos, decidí hacer caso de todos esos consejos dejando a un lado mi instinto y así empezaron los problemas. El niño lloraba sin parar entre tomas e hice una mastitis brutal con fiebre, sin olvidar las heridas espectaculares que tenía en los pezones. Ese día me hundí.

El niño tenía 15 días y había perdido más del 10% del peso del nacimiento y no lo entendía, estaba todo el día pegado a la teta y mis pezones estaban muy mal. Nadie me daba respuestas claras hasta que decidí ir al pediatra del CAP. En la primera visita y después de explicar en detalle mi situación, la pediatra detectó muy rápidamente que Claudi tenía el frenillo lingual corto, por este motivo no podía sacar suficiente leche en cada succión y, por lo tanto, perdía peso y a su vez justificaba las súper heridas de mis pezones. La pediatra se puso las manos en la cabeza al ver mi estado y decidió cortarle el frenillo. Además, debido a la pérdida de peso importante del bebé nos recomendó empezar a suplementar con leche artificial y biberón.

Llegué a casa traspuesta pero “animada” ya que al menos tenía una explicación a nuestro problema. Después de cortarle el frenillo todo tenía que mejorar pero yo tenía los pezones en muy mal estado y todo se fue complicando. La primera interferencia a nuestra lactancia fueron los biberones. Nadie me informó de los métodos alternativos de suplementación para no perjudicar nuestra lactancia. El primer biberón que le dimos fue de 30ml y se lo bebió en un momento y tuve que escuchar comentarios tipo “lo ves, tu leche no debe ser suficiente” o “ ahora sí que esta tranquilo este niño”. Todos contentos menos yo. Y mi sentimiento de culpa y mi baja autoestima iban in crescendo. Entre esto y que yo lloraba y tensaba todo mi cuerpo cada vez que le daba la teta, empecé a entrar en un bucle muy negativo. Las heridas no se curaban, utilizaba pezoneras y cada vez que le daba el pecho se me habrían las costras y me salía sangre de unas heridas en carne viva, que no había manera humana de que mejoraran.

Me sentía muy perdida y fue cuando contacté con mi amiga y matrona Laia Casadevall. Cuando vió mis heridas, alucinó. No se lo podía creer. El pezón derecho lo tenía arrancado, con tejido de color amarillo-negro que empezaba a ser necrótico. Muy mala pinta.

No podía rozarme ningún tejido, no podía coger a mi hijo en brazos por miedo a que me tocara los pechos sin querer, no podía salir a la calle, ni dormir. La peor sensación que he tenido como mujer. Pensaba que no recuperaría mis pechos nunca más. Me puse en manos de Laia y con la ayuda de su compañera Inma Marcos me indicaron que podía tener una mastitis subclínica consecuencia de una mala succión por culpa de un frenillo lingual corto. Es decir, todo se hubiera podido evitar si el pediatra que solo se preocupó de regañarme por querer irme a casa, hubiese hecho su trabajo y hubiese detectado que tenía que cortar el frenillo del niño, y si las enfermeras del hospital hubieran velado por nuestra lactancia en vez de dedicarse exclusivamente a interrumpirnos a media noche para tomarnos la temperatura o darme pastillas antinflamatorias cada dos por tres. Una vez diagnosticada, me recetaron el antibiótico adecuado para la infección y entre todas valoramos que la única opción para curar la herida del pezón derecho era que el niño dejará de succionar por unos días, y así lo hice. Con el tratamiento, la herida iba cicatrizando y día a día iba naciendo tejido nuevo, regenerando el pezón. El proceso duro más de 15 días. Contenta por la evolución de las heridas empecé de nuevo a darle la teta a Claudi. Me daba pánico empezar de nuevo, estaba llena de miedos, pero con la ayuda de Laia pude retirar las pezoneras y lo conseguimos. Por primera vez, empezaba a dar el pecho sin dolor, y ¡qué gusto, por dios! A partir de allí, parecía que ya todo iba a ir bien pero ahora tocaba el siguiente reto: recuperar la producción adecuada para alimentar a mi hijo.

Laia me propuso hacer 48 horas de extracción poderosa para recuperar producción del pecho del que el niño dejo de succionar. Cada hora me ponía el extractor en el pecho durante 5-10 minutos. Al principio, fue desesperante porque prácticamente no salía nada. Al mismo tiempo seguía dándole la otra teta a demanda más el suplemento artificial con biberón. Cuando parecía que habíamos reactivado el pecho derecho el niño volvió a succionar y el siguiente paso era eliminar el suplemento artificial para conseguir una lactancia materna exclusiva, el origen y la razón de todo.

Este fue el camino más duro para mí. Retirar el suplemento fue una odisea. El niño me rechazaba el pecho y pedía el biberón a gritos. Después de un fin de semana en Cadaqués con la familia en el que, con toda la buena intención del mundo, todos se ofrecían a darle el biberón a mi hijo, mi instinto mamífero se apodero de mí y decidí que tenía que volver a enamorar a mi hijo con mis tetas. Lo quería alimentar yo y no un biberón a manos de cualquiera. Y aquí entró en juego el relactador. Gran invento, gracias a él y a Laia mi hijo volvió a querer el pecho. Todo el suplemento artificial se lo daba mediante el relactador y pudimos decir un súper adiós a los biberones.

El relactador nos funcionó muy bien, me ayudó a mejorar la producción del pecho malo y el niño volvió a asociar que para comer tenía que pegarse a la teta. Entonces íbamos bajando el suplemento con el objetivo de llegar a cero. Después de casi un mes con el relactador arriba y abajo, extractor de leche en la otra teta, mi vida era 200% dedicada a la alimentación de mi hijo. Las noches interminables con tantos artilugios y una logística muy complicada. Cuando ya solo quedaban 30ml para eliminar, a una de las muchas visitas de control de peso vimos que el niño se había estancado totalmente, no ganaba peso. No podíamos seguir bajando suplemento y yo ya no tenía fuerzas para seguir un mes más con el relactador y esa vida esclava. Así, empecé a ser consciente de que no podría conseguir una LME (Lactancia Materna Exclusiva) y que tenía que permitirme estar bien, para que Claudi también lo estuviera. Así que empecé a concienciarme de que nos tocaba hacer una lactancia mixta. No quería hacer sufrir más a mi hijo ni tampoco a mí misma. Emocionalmente, estaba muy apurada, mucho.

Una vez asumido que nos tocaba hacer mixta, mi objetivo era alargarla al máximo y por eso he cuidado muchísimo la forma de darle los biberones a Claudi. Con mucho respeto, posición horizontal, tetinas especiales y espaciándolos al máximo. Todo para no llegar otra vez al rechazo de la teta, pero finalmente y después de 2 meses el niño se ha ido decantando por el biberón. Y ponerme a trabajar con solo 4 meses tampoco ha ayudado mucho (otra incoherencia bestial de esta sociedad).

Hoy acaba nuestra lactancia, y entre las heridas, artilugios y opinólogos, me doy cuenta de que hemos disfrutado muy poco de una cosa que tenía que ser única y que tenía que haber sido muy nuestra. Y lo que más me duele no es que mi hijo se alimente de leche de fórmula (que también), sino haber perdido esos momentos tan nuestros, solo nuestros, en dónde el vínculo entre una madre y un hijo se eleva a la mayor potencia.

No todo sale como imaginamos, y al final sí, todos te dicen que hay casos peores y que el niño esta sano y fuerte y eso es lo que vale. Y vuelves a sentirte culpable por sentir todo lo que os acabo de explicar y por darle tanta importancia a la lactancia materna.

Mi reto continúa. Quiero formarme como asesora de lactancia para acompañar a las mujeres para que reciban la ayuda y atención que se merecen en un momento tan crucial y sensible en sus vidas. Ojalá hubiera tenido a Laia a mi lado des del primer minuto. Las mujeres tenemos que ayudarnos entre nosotras y conseguir que la sociedad también lo haga, poniendo las herramientas necesarias desde el inicio.

Y siguiendo con mi crítica constructiva, a lo mejor sería un buen momento para revisar y actualizar los protocolos hospitalarios que no siempre tienen en cuenta las decisiones de una madre, y actualizarlos para que todas las mujeres tengamos derecho a parir con respeto y libertad y que se nos preste la ayuda necesaria para fomentar la lactancia materna y la crianza libre. ¿Se piensan que por alargar la baja de paternidad ya nos damos por satisfechas? La mujer es la que pare, y amamanta a sus hijos y 4 meses no son suficientes. ¿Cómo puede ser que el sentimiento de culpa nos machaque sin parar en un momento en el que todo tendrían que ser atenciones y ayudas para facilitarnos las cosas?

La lucha continúa. Hoy acaba nuestra lactancia materna pero empieza la de mi hermana y mi sobrino en la que también he intentado contribuir a que fuera un éxito. Y empiezan tantas otras historias llenas de amor y vínculo que cambiarán la vida de muchas personitas.

Nuestra lactancia acaba hijo mío, pero si algún día puedo darte una hermana o hermano nuestra experiencia habrá servido de mucho. Porque seguro, seguro que saldrá bien.

Gracias a mi compañero por estar a mi lado, para nosotros la baja de paternidad tuvo mucho sentido. Él no se movió de muestro lado ni un minuto. Y gracias familia por llenarnos la nevera de comida y ayudarnos a hacernos el día a día más fácil.

Gracias también al equipo de LactApp por darnos información súper útil y valiosa para nosotras, descubriros también fue un acierto.

Y que no os engañen, ¡TETA SIEMPRE! 

 

Mireia Serra

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2 comentarios sobre ““Después de 135 días se acaba nuestra lactancia, hijo” por Mireia Serra

  1. Como te entiendo … yo soy madre de un niño precioso que acaba de cumplir 3 meses y hemos pasado también por una experiencia parecida … mal agarre desde el minuto zero ,ampollas ,grietas,mastitis y mucho dolor físico y moral ,frustración de no poder darle a mi hijo lo que más quería en este mundo :la táctica y leche materna … a pesar de consultar pediatras, matronas,fisio ,asesoras de lactancia no conseguimos nunca establecer una lactancia materna sin dolor … Comparto también tus comentarios sobre la necesidad de actualización de los protocolos de los hospitales no solo en el paritorio sino en las horas y días siguientes tan cruciales en planta para el buen establecimiento de la lactancia materna … que rabia y que impotencia … Para nosotros nuestra lactancia ( mixta desde el la 2nda semana por perdida de peso del 15% ) se acabó después de 11 semanas al ver que no podía coger mi hijo en brazo ni era capaz de sonreírle ni hablarle del dolor en los pechos y pezones y sobre todo de la depresión en la que había caído. Desde entonces todo va mejor y por fin puedo disfrutar de la maternidad , de mi hijo y verle cambiar y crecer cada día…En nuestro caso abandonar la tetica ha sido una liberación. Estoy totalmente de acuerdo contigo tb sobre lo del permiso de maternidad 4 meses no son suficientes sobre todo en una sociedad como la nuestra donde el estrés,la falta de tiempo y la baja natalidad son una dura realidad … alargar el permiso de paternidad esta bien pero no es la solución pues como tu dices somos las madres quienes damos a luz, damos el pecho y nos tenemos que recuperar del postparto … ojalá consigas formarte como asesora y puedas ayudar a muchas madres a conseguir una lactancia materna o mixta exitosa y feliz !!!

  2. Te entiendo perfectamente, nosotros también empezamos con muchas heridas en los pezones desde las primeras 24h. No tenía frenillo, no tenía mala postura, todo iba bien pero me hacía heridas al mamar. A mí me salvó la lactancia los parches fríos de gel, y sobre todo las pezoneras, para que pudiera mamar sin que siguiera haciéndome daño. Descubrí más tarde que la boca de mi peque era muy pequeña, y se pasó los primeros dos meses con pezoneras.
    Quiero agradecer a LactApp toda la información que me ha dado porque sin ella seguro que no podría haber continuado.
    Ahora tiene 8 meses y disfrutando a tope en cada toma <3

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