"Que mi experiencia sirva de prueba de que SÍ se puede"

"Que mi experiencia sirva de prueba de que SÍ se puede"

La evidencia nos dice que si hay un buen inicio de la lactancia (no separación de madre-bebé, piel con piel, tranquilidad, tiempo, buena atención sanitaria, apoyo familiar, etc.) lo más probable es que esa lactancia sea exitosa. ¿Eso quiere decir que si no tenemos un buen inicio, va a ir mal? Pues aunque sí tienes más números para tener dificultades, eso no quiere decir que no pueda ir bien. Los bebés nacen con unos instintos de supervivencia fenomenales y la tenacidad de una madre puede ser el elemento que decante la balanza. Y para muestra, un botón. Hoy compartimos la experiencia de Amaia y su bebé, que no tuvo precisamente un inicio fácil pero su positivismo y perseverancia, así como un bebé que claramente ha heredado la fuerza de su madre, finalmente han conseguido una lactancia exitosa. ¡Gracias Amaia por compartir tu experiencia con nosotras!
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Me llamo Amaia y tengo un bebé de poco más de 9 meses. Os escribo para contaros cómo fueron los inicios de nuestra lactancia, y si de paso le puede ayudar a alguien, yo feliz!
Bueno, pues empezamos por el parto, fue muy largo y complicado y terminó en cesárea de urgencia. No pude estar con Iván hasta 2 horas después, pero eso sí, desde el momento en que lo hice, ¡no me lo quité de encima! Intentaba que mamara lo más posible y la verdad que el peque se enganchaba genial.
Pero a las pocas horas vino la pediatra y nos dijo que lo tenían que ingresar en neonatos para ponerle antibiótico por riesgo de infección, (yo había estado más de 24 horas con bolsa rota, con fiebre, las aguas eran verdes…), en fin, muy disgustados cuando nos lo dijeron aunque después nos tranquilizó mucho ver que estaba en buenas manos.
Cuando se lo llevaron eran las 9 de la noche, y decidí que le dieran biberón, yo estaba agotada, llevaba más de 48 horas sin dormir y necesitaba descansar como fuera. La unidad de neonatos de mi hospital permite que los padres estén allí las 24 horas del día por cierto.
Así que a la mañana siguiente cuando bajamos nos explicaron cómo era el sistema, yo dije que quería intentar la lactancia materna, y creo que los consejos y ayuda de las auxiliares y enfermeras de la unidad fueron de vital ayuda.
Un problema, las tomas allí —sean de pecho o de biberón— son cada 3 horas, día y noche. Por supuesto no es lo ideal ni lo correcto, pero entiendo que con el volúmen tan grande de niños que tienen allí ingresados, de alguna manera tienen que organizarlo. Supongo que con el tiempo (y más personal), se podría tender hacia un modelo de alimentación a demanda…
Bueno, pues como era así, había que adaptarse, y allí que iba yo, cada 3 horas durante el día. En lo qué más me ayudaron y orientaron fue en cómo coger al peque y ponerlo en la postura correcta para mamar (barriga con barriga, labios evertidos, etc…), que hoy día me parece lo más fácil del mundo pero entonces se me hacía súper complicado. Me enseñaron algunos truquillos, cómo escuchar si tragaba, que no hicieran ruiditos de “besuqueo”, cómo abrirle la boca con el dedo si se había enganchado mal… Y así nos pasamos los días, lo recuerdo como agotador (había días que me quedaba dormida en el sillón con el peque enganchado…), pero enriquecedor como pocas cosas. Yo iba, lo ponía al pecho, y estaba el rato que fuera necesario, hasta que él se desenganchaba o se dormía… jeje
Por las noches. Pues podría haber ido por las noches, pero la verdad es que necesitaba descansar, y no es lo mismo tener al bebé en la cunita en la habitación que tener que bajar 3 pisos para darle el pecho…También es verdad que enseguida vimos todos que Iván cogía igual de bien el pecho que el biberón, parecía que desde el primer momento sabía lo que tenía que hacer en cada caso, y eso me tranquilizó.
Al principio le daban leche artificial, pero luego yo tuve tal subida que me sacaba leche con un aparato que me dejaron en el hospital. Allí mismo la congelaban y almacenaban y se la daban al peque cuando yo no estaba. Lo mismo cuando me fuí de alta, me sacaba la leche en casa, y la llevaba para que se la dieran por la noche.
El momento de irnos a casa, comparado con todo lo anterior, coser y cantar, tenía al niño “tan a mano”, me podía tumbar en la cama, en el sofá, no en aquel sillón tan incómodo de neonatos con el peque lleno de cables…, así que a la que lloriqueaba un poco, a la teta.
Y así fuimos aprendiendo los dos y, por supuesto, nada de biberones, que en neonatos nos vinieron  muy bien, pero en casa ni uno!
Con todo, el primer mes el más durillo, había veces que no se enganchaba bien… pero como le tocó una madre cabezona, pues poco a poco fue aprendiendo; y bueno, también fue duro porque yo estaba bastante fastidiada por la cesárea y el no dormir jajaja!
En resumen, hasta que nació mi hijo, yo no tenía claro si le iba a dar biberón o pecho, empecé un poco por probar a ver, y conforme pasaba una toma, y otra, y un día y otro… me fuí enganchando a la lactancia y concienciándome cada vez más con el tema.
Lo que más me ha ayudado: una BUENA información, el no tener presión ninguna (ni propia ni ajena, todo el mundo fue súper respetuoso y yo estaba muy tranquila), y constancia, constancia, constancia, mucha fuerza de voluntad….
Y… por supuesto… lo que para mí es algo así como la Biblia de la lactancia: “Un regalo para toda la vida” de Carlos González, yo creo que imprescindible para todas las mamás que quieran dar el pecho a sus peques.
Espero no haberme extendido demasiado y que por lo menos mi experiencia sirva de prueba de que SÍ se puede, aún cuando parece que tenemos todo en contra para una lactancia exitosa, para mí, una de las experiencias más bonitas, especiales e indescriptibles que he tenido en la vida.
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