No fue ni cuando ni como nos lo habíamos imaginado
Gracias, gracias y más gracias. No podemos decir otra cosa cuando nos llegan vuestras historias, cargadas de realidad y sentimientos.
La comunidad hace magia, y sabemos que leer a otras madres siempre nos aporta mucho en nuestras propias vivencias. A nosotras nos ha despertado muchos sentimientos este relato y seguro que hay una madre al otro lado de la pantalla a la que le irá genial conocer esta historia… muchas gracias Zuriñe y familia.
Mi lactancia empezó sin visitas ni llantos de bebés
Mi lactancia empezó sacándome calostro (o intentándolo, al menos) en la soledad y en el silencio de la habitación del hospital. Sin visitas ni llantos de bebés.
Mi lactancia empezó intentando imitar lo que veía en un vídeo de YouTube para sacarme calostro, meterlo en una jeringuilla y bajarlo a la unidad de neonatología para podérselo dar a mi hija.
Mi lactancia empezó con mucha tristeza y con mucho, mucho dolor. Y no, no me refiero (solo) al físico.
Durante mi embarazo, cuando me preguntaban si quería dar el pecho, contestaba, siempre lo siguiente:
“Si puedo, sí me gustaría” – reflejando, así, la poca confianza que tenía y, en general, tenemos las mujeres, en nosotras y en nuestros cuerpos a pesar de todo lo que nos permiten y nos dan.
Ese “si puedo…” se convirtió en una afirmación
Pero cuando, de repente, la vida dio un vuelco enorme y se puso todo un poco patas arriba con el nacimiento prematuro de nuestra hija, ese “si puedo…” lleno de dudas, se convirtió en una afirmación llena de fuerza y determinación.
Cuando conocí a mi pequeña, a través del cristal de la incubadora, entre cables y pitidos, cuando tuve que intuir su cara escondida entre tantos aparatos y cuando tuve que hacer frente a rozar su cuerpo tan pequeño con la punta de mis dedos, sentí que deseaba con todas mis fuerzas (con todas las fuerzas que me quedaban) darle el pecho. Por ella, sí. Pero sobre todo por mí.
Nuestra carrera de fondo
Y empezó una carrera de fondo tan larga y complicada que, a día de hoy, todavía me deja sin aliento recordar.
Dedo-jeringa.
Ingurgitación.
Relactador.
Nada.
Mastitis.
“Vamos a probar a ponértela al pecho”.
Nada.
“Claro es que no tiene suficiente fuerza para succionar”.
Sacaleches.
Fotos de mi bebé.
Vídeos de mi bebé.
Relactador.
Piel con piel 24/7.
Biberón.
“No queda otra”.
Culpa.
Dolor.
Pezoneras
Bajada de producción.
Relactador.
Extracción poderosa.
Cada hora.
Cada pta hora.
El pto sonido del sacaleches.
Nada.
Galactogogos
…
Salimos con miedo e incertidumbre
Cuando nos dieron el alta, salimos de allí con el miedo y la incertidumbre de no saber qué iba a pasar. Salimos sin una lactancia establecida y con una producción que amenazaba con terminarse del todo.
Poco se habla del nudo en la garganta que sientes cuando te dan el alta después de un ingreso tan largo. Se te amontonan todas las imágenes de las últimas semanas con las imágenes imaginadas de las próximas semanas… todas juntas y revueltas. Y tu mente las reproduce a una velocidad vertiginosa. Tan rápido que frena un poco tus pasos al andar.
Por fin, llegamos a casa, los tres. No fue ni cuando nos lo habíamos imaginado ni como nos lo habíamos imaginado. Pero llegamos a casa los tres y eso era un regalo del que éramos muy, muy, muy conscientes.
Mi cuerpo empezó a entender que mi hija estaba ahí
Nosotros, primerizos de manual, entre todas esas cosas que se suponía que teníamos que comprar y preparar y hacer, decidimos dejar todo de lado y estar. Sí, has leído bien. ESTAR.
No me separé de ella ni un solo segundo. Ni para comer ni para hacer pis ni para absolutamente nada.
Y… Mi cuerpo empezó a entender que mi hija estaba ahí, que tenía que comer y que le tocaba ponerse manos a la obra, a trabajar, otra vez.
Hubo mucho trabajo en equipo (de los tres), tomas y noches eternas, piel con piel, muchas lágrimas y muchas sonrisas y… La lactancia empezó a encaminarse. Poco a poco. Paso a paso.
Hoy, más de dos años después, sigo dando pecho y, ahora sí, puedo decir, con mucho orgullo, que lo hemos conseguido y que lo disfruto y lo valoro infinito.
Por todo lo vivido y por todo lo que sé que nos queda por vivir.
Zuriñe Etxeberria Fernandez