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¿La lactancia materna influye en lo que comerán a los 6 años? Lo que dice un nuevo estudio

¿La lactancia materna influye en lo que comerán a los 6 años? Lo que dice un nuevo estudio

Cuando damos el pecho solemos pensar en el ahora: que el bebé coja peso, que las tomas
no duelan, que podamos descansar un poco. Pero muchas madres nos preguntáis también
por el después: ¿lo que comen nuestros hijos de pequeños tiene algo que ver con cómo
se alimentaron de bebés? ¿En qué medida la lactancia influye en lo que comerán cuando sean mayores?

Un estudio español publicado en mayo de 2026 en el European Journal of Nutrition pone
algunas respuestas sobre la mesa. Y lo que encuentra es interesante: los niños que
tomaron lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses comían menos ultraprocesados
a los 4 y a los 6 años. Te contamos qué dice y, sobre todo, qué no dice.

¿Qué se ha estudiado?

El estudio se llama CoAlHaS y lo ha hecho un equipo de la Universidad de Cantabria y el
Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander. Siguieron a 574 niños y niñas
nacidos en 2018 desde el nacimiento hasta los 6 años.

A los 6 y a los 12 meses preguntaron a las madres cómo se alimentaba el bebé: lactancia
materna exclusiva, lactancia mixta o solo fórmula. Después, cuando los peques tenían 4 y
6 años, las familias respondieron un cuestionario sobre qué y cuánto comían.

Con esa información, el equipo dividió los alimentos en dos grandes grupos:

  • Alimentos frescos o mínimamente procesados: fruta, verdura, legumbres, huevos,
    leche, carne o pescado sin preparar… lo de toda la vida.
  • Ultraprocesados: galletas, bollería, cereales azucarados, zumos envasados, snacks, embutidos, refrescos… productos industriales con ingredientes que no usaríamos en nuestra cocina.

¿Y qué han encontrado?

Primero, un dato que da que pensar: en todo el grupo, casi la mitad de la energía que
comían los niños venía de ultraprocesados (alrededor del 48%), tanto a los 4 como a los 6
años. Los alimentos frescos aportaban más o menos un tercio.

No es algo exclusivo de Santander: en muchos países europeos las cifras son parecidas.

Dicho esto, estos son los resultados principales:

  1. A los 4 años, los niños que habían tomado lactancia materna exclusiva hasta los 6
    meses tenían más del doble de probabilidad de estar entre los que más alimentos
    frescos comían. Y, a la vez, menos probabilidad de estar entre los que más
    ultraprocesados tomaban.
  2. A los 6 años, la diferencia en alimentos frescos ya no se apreciaba. Pero la de
    ultraprocesados seguía ahí: estos niños tenían aproximadamente la mitad de
    probabilidad de estar en el grupo de mayor consumo de ultraprocesados.
  3. Seguir con la lactancia a los 12 meses también se asoció con menos ultraprocesados a
    los 6 años, aunque el efecto era algo más débil.
  4. Los niños alimentados con fórmula comían, de media, algo más de energía total a los 6
    años, y la diferencia venía sobre todo de los ultraprocesados.

Los investigadores tuvieron en cuenta muchos factores que también influyen en lo que
come un niño: los ingresos de la familia, los estudios de los padres, su peso, la actividad
física del peque… Y aun así, la relación se mantenía.

¿Por qué podría pasar esto?

Aquí entra algo precioso de la lactancia: la leche materna no sabe siempre igual. Lo que
come la madre cambia ligeramente el sabor de su leche, igual que ya pasaba con el líquido
amniótico durante el embarazo. Así, el bebé amamantado se va acostumbrando desde
muy pronto a una variedad de sabores, los de la comida de su familia.

Hay estudios que lo muestran de forma muy clara. Por ejemplo, bebés cuyas madres
tomaron zumo de zanahoria durante la lactancia aceptaban luego mejor los cereales con
sabor a zanahoria. Como si ese sabor ya les resultara “de casa”.

La fórmula, en cambio, sabe siempre igual, así que ofrece menos variedad de sabores en
esos primeros meses. Los autores plantean que esta exposición temprana podría ayudar a
que, más adelante, los alimentos de verdad resulten más familiares y apetecibles.

Lo que este estudio no dice

Es importante leer estos resultados con calma, sin sacar conclusiones de más:

  • Es un estudio observacional. Encuentra una relación, pero no puede demostrar que la
    lactancia sea la causa directa. Influyen muchas cosas: lo que se compra en casa, el
    comedor escolar, los abuelos, los amigos…
  • No se recogió qué comían los padres, y sabemos que los niños comen, en gran parte, lo
    que ven en la mesa.

Muchas familias dejaron el estudio por el camino, sobre todo las que tenían menos
recursos. Los autores creen que esto, si acaso, hace que el efecto real sea algo mayor
del que han medido, pero es una limitación.

Y lo más importante: esto no va de culpa. Si tu lactancia fue mixta, si diste fórmula o si no
pudiste o no quisiste amamantar, tu hijo no está condenado a comer peor. En lo que come
un niño de 4 o 6 años pesa mucho lo que encuentra cada día en casa, cómo se le ofrece la
comida y el ejemplo que ve. Y eso sí está en vuestras manos, ahora y siempre.

Entonces, ¿con qué nos quedamos?

Este estudio se suma a otros que ya apuntaban en la misma dirección: la lactancia
materna, especialmente si es exclusiva los primeros 6 meses, podría ayudar a que los
niños coman menos ultraprocesados, y ese efecto parece mantenerse hasta la edad
escolar.

Es una razón más para que las madres que quieren amamantar reciban el apoyo que
necesitan, desde el hospital, desde casa y desde el entorno. Porque muchas veces la
lactancia no se acaba por falta de ganas, sino por falta de acompañamiento.

Si estás dando el pecho y tienes dudas, o te está costando más de lo que imaginabas, no
estás sola. Puedes encontrar respuestas en la app o consultar con nuestras expertas. Y si
tu peque ya ha crecido, recuerda que nunca es tarde para llenar la mesa de comida de
verdad.


Referencia

Ferro-Larroy S, Gómez-Acebo I, Alonso-Molero J, et al. Effect of breastfeeding
on dietary patterns in early childhood: the CoAlHaS study. European Journal of Nutrition
(2026) 65:137. https://doi.org/10.1007/s00394-026-03985-x


Laia Rovira
Dietista-Nutricionista, Máster en Nutrición Pediátrica y Experta universitaria en Lactancia Materna


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