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TEA: Echando la vista atrás…

TEA: Echando la vista atrás…

Hace unos días nos llegó la consulta de una mamá que tenía un hijo con TEA al que le habían recomendado abandonar la lactancia para poder evolucionar. Si la lactancia en general está llena de mitos, en cuanto a esto le añadimos cualquier otra dificultad, los prejuicios y supersticiones se disparan. Por ello, hicimos una petición en nuestro Facebook para pedir experiencias relacionadas con amamantar a niños con TEA y Patricia March ha sido muy amable de compartir su experiencia con nosotras.

TEA: Trastorno del Espectro Autista

 

Hace ya ocho años de la lactancia materna con mi hijo recientemente diagnosticado de TEA en grado uno y quizás me deje detalles, pero siempre lo recordaré. Desde antes de quedarme embarazada, tenía claro que quería un parto natural y dar el pecho. Lo que no sabía, es que una cosa es querer y otra que salga como esperas. El parto fue largo, casi 24 horas con contracciones y dos horas de expulsivo. Pedí la epidural pero apenas hizo efecto y en el momento de empujar ya me la habían quitado. En el momento del expulsivo, yo lo daba todo pero no había manera. Lo que no sabíamos, es que el niño venía con dos vueltas de cordón y al haberme quitado las correas y no seguir el latido fetal, tampoco se dieron cuenta de que él estaba sufriendo. Al final, después de un corte, salió y me lo pusieron sobre la barriga. Y nada. No lloraba, no se movía… Y se lo llevaron corriendo.

Mientras me cosían, no sabía nada de él, ¿dónde estaba? ¿y esa primera hora que dicen que es tan importante entre madre e hijo? El papá iba y venía, le dijeron que estaba bien pero que tenía que esperar. Finalmente, más de hora y media después me lo trajo mi marido. Lo primero que le pregunté es si era él, si ese niño era mi hijo, por qué yo no lo había visto. Durante los siguientes minutos nos dedicamos a observarlo y ver que estaba bien. No fue hasta que llegamos a la habitación que hice un primer intento de darle el pecho, pero no hubo suerte y simplemente me quedé con él en brazos intentando descansar un poco.

Durante los dos días que estuve en el hospital, todos los intentos de lactancia materna eran infructuosos o muy dolorosos, además, el niño estaba como adormilado y aunque en algunos momentos se quejaba, no acababa de funcionar. No ayudaron las múltiples visitas ni la poca paciencia de las enfermeras ni que el pediatra nos aconsejara ir comprando leche artificial. Al salir del hospital, yo ya tenía los pezones como si me hubieran pasado un cuchillo por medio. ¿No se supone que la lactancia materna era lo normal y que prácticamente todas las mujeres (aunque haya muchas que digan que no tienen leche, etc.) estamos preparadas para ello? Los tres días siguientes fueron un infierno, visitas que se sucedían en casa, mucho dolor en las tomas en las que conseguía que se enganchara, el niño que solo quería estar en brazos y la suma de la cantidad de puntos que me pusieron, eran un cóctel que era difícil de digerir. Le dije a mi marido que quería ir al grupo de lactancia de Alba Lactancia, que si ella no me ayudaba, no lo conseguiría nadie.

Me presenté allí al día siguiente dónde ya había otras madres y me atendió una de las asesoras. Después de mirarme a mí y al niño fue a por Alba que también se miró al niño y me dijo que tenía un frenillo muy corto y que había que cortarlo para poder proseguir con la lactancia materna. Al día siguiente teníamos visita con Luís Ruiz, gran pediatra y especialista en frenillos y un día más tarde le cortaba el frenillo a mi hijo. Se suponía que a partir de ahí todo debía ser miel sobre hojuelas, pero no. Mi hijo solo quería estar conmigo, piel con piel, día y noche, con tomas interminables de 6, 7, 8 horas y lo que hiciera falta. Me compré un extractor eléctrico y me inicié con la lactancia diferida ya que mis pezones no daban para más, complementada con leche artificial cuando no me sacaba lo suficiente, pero aún así, él necesitaba ese contacto conmigo. No faltaban los comentarios de familia y amigos en plan “no tienes leche”, “déjalo”, “no te merece la pena estar así”. Y aunque había días que me daban las cinco de la tarde y no había ni desayunado ni comido, mucho menos duchado, algo en mí me decía que tenía que continuar, que mi hijo me necesitaba más allá del alimento que le proporcionaba mi leche. Pasaron los tres primeros meses, y lo recuerdo como una de las peores épocas de mi vida, pero poco a poco fuimos mejorando. Le daba menos leche artificial y tomaba de mi pecho con pezonera.

Empezamos a colechar y con ello estaba menos nervioso y podía tomar el pecho por la noche con calma. A los cinco meses y medio, conseguí retirar los biberones y las pezoneras. Él seguía necesitando mucho el contacto conmigo y al poder normalizar la lactancia se volvió más fácil. A los seis meses, empezó la pediatra con el tema de la alimentación complementaria. ¿Cómo? ¿Después de lo que nos ha costado? Me dio mucho agobio, él no quería ni tenía el más mínimo interés por probar la comida, pero al final me lo tomé como lo que era: complementaria. Así que seguimos con la teta y después le iba dando cosas para probar. Tengo que decir que durante los primeros seis meses, pese a todo, él iba subiendo genial de peso, estaba en un percentil 97, por ese motivo seguí y seguí. Al año, dio un cambio importante respecto a la comida, y ya fue prefiriendo tomar sólidos antes que el pecho, pero aún así, seguimos con la lactancia. Para él era su punto de confort, su refugio. Llegaron los dos años y fuimos viendo cosas que atribuíamos a la poca experiencia de padres primerizos. No fijaba la vista cuando le hablaban, no sociabilizaba con otros niños… Si lo comentábamos con alguien, simplemente nos decían que era pequeño y que todo llegaría. Y la lactancia continuaba, especialmente de noche, y de día era para aquellos momentos en los que se sentía incómodo.

Llegados los dos años y medio, para él cualquier momento era bueno para sacarme la teta. Daba igual si estábamos en casa, en la calle, con gente o a solas. Y ya ni decir por la noche, era un continuo y mi espalda estaba irreconocible. Y decidí terminar, no podía más. Siempre me habían dicho que la lactancia era cosa de dos, de la madre y el hijo. Y que estaba bien si uno de los dos lo dejaba. Así que poco a poco y con la ayuda del papá se lo fui quitando. A partir de ahí ya todo lo que tomaba era comida normal. Él fue creciendo grande y fuerte, pero con esas pequeñas cosas que íbamos viendo. Seguía siendo un niño que, aunque no tenía problema en relacionarse con los niños de la escuela, siempre prefería jugar solo. No nos fijaba la vista al hablar y necesitaba su tiempo de evaluación ante nuevas situaciones. Conforme ha ido superando cursos, ha ido mostrando sus dificultades en el aprendizaje, en especial de la lectoescritura. Nos decían que si déficit de atención, que si algo pasaba. Al final, hace unos meses nos han diagnosticado trastorno del espectro autista, en grado 1 que es el más bajo. Gracias a ese diagnóstico, ahora trabajamos sobre ello y va mejorando día a día. Echando la vista atrás y ahora que se que tiene TEA, encuentro explicación a esa necesidad tan temprana de contacto, y después, a necesitar en determinados momentos su teta, que le ayudaba a gestionar los momentos que a él le podían suponer un momento de estrés. Quizá de haberlo sabido antes, le hubiese dado pecho más tiempo, pero sé que los dos años y medio de nuestra lactancia, fueron lo mejor que nos pudimos dar el uno al otro.

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0 comentarios sobre “TEA: Echando la vista atrás…

  1. Te leo y me veo a mi misma… 26 meses de lactancia la mia finalizada en parte por una prueba medica y acompañada por mi proxima boda y posterior luna de miel pensé que ya habia llegado el momento de dejarlo. Mi hijo habia ido perdiendo parte del lenguaje adquirido tampoco tenia buen contacto visual y en la ludoteca nos dieron un aviso para que consultasemos a su pediatra, ella le quitó importancia y dijo que tenía que madurar aun y que cuando empezara el cole cambiaria… resultado 3 meses después de empezar el colegio le diagnosticaron Tea de grado 2 regresivo, y ahora despues de un año de terapia vamos empezando a ver sus frutos. El contacto conmigo siempre habia sido máximo y aun lo sigue siendo pero como bien dices ahora entiendo tantas cosas ?

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