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Parecía que era incapaz de alimentar a mi bebé: relato de lactancia

Parecía que era incapaz de alimentar a mi bebé: relato de lactancia

Os dejamos con el relato de lactancia de Aída, una lactappera que ha querido compartir su historia de lactancia y las dificultades que atravesó:
Me gustaría mandaros el relato de mi primera lactancia, por si puede ayudar a otras madres. Mi lactancia no fue agradable, y leer, compartir y ver que no eres la única con problemas, fue de gran ayuda.
Tuve un parto vaginal decente, semana 39, y el bebé se enganchó muy bien a la primera. Durante los siguientes 2 días en el hospital, el agarre me dolía bastante, y aunque me lo ponía al pecho, lloraba mucho… Al tercer día, aún en el hospital, el llanto y el dolor era tremendo y, al final, después de mucho insistir por parte de una enfermera, nos dieron un biberón para que comiera, pues decían que tenía muchísimo hambre, y yo aún no tenía leche y que si a esas alturas no tenía, pues… El bebé parecía sano, eso sí, aunque perdía peso.
Al cuarto día, ya en casa y con las hormonas a tope, me sentía muy triste. Parecía que era incapaz de alimentar a mi bebé y que lo único que le aliviaba era el dichoso biberón de fórmula. Me sentí tan mal, tan frustrada, tan sola, tan triste, no podía dejar de llorar. Llegado un momento, me dije: “a la mierda, paso de seguir intentando darle pecho”. Así que al día siguiente fuimos al centro de salud para que me dieran las pastillas para cortar la leche, que aún no había hecho acto de presencia.
Por suerte, mi médica de cabecera me insistió con mucho cariño en seguir intentándolo, si en el fondo era lo que quería. Nos derivó en ese mismo momento a la enfermera pediátrica, que sabía de lactancia. ¡Y no nos pudo pasar nada mejor!
Ella, que no la matrona, me ayudó con el agarre del bebé, y empecé a ver la luz. ¡Ya no me dolía! Nos citó cada día, aún sin ser sus pacientes, y estuvimos allí con ella varias tomas mientras nos revisaba. No puedo estarle más agradecida. Pero nuestros problemas no acabaron ahí.
Diría que tuve una pequeña subida de leche a la semana de parir, pero apenas noté nada. Pensé que era normal, pues había dejado de ofrecerle el pecho y, aunque después lo retomé, pasé demasiado tiempo sin estimularlo.
Intentamos relactar, pero no había forma de reducir las tomas de fórmula. Me lo ponía siempre primero al pecho, me estimulaba manualmente, y me compré un sacaleches carísimo. Buscando info por internet, di con la página de Alba Lactancia Materna que fue de gran ayuda, pero lo fueron aún más los grupos de apoyo que organizan. Acudí en septiembre a la primera reunión que hacían después de vacaciones. Mi bebé ya tenía 3 meses y la situación no mejoraba. Al menos estaba sano gracias a los biberones, pero yo estaba triste.
Gracias a estas mujeres, que desinteresadamente ofrecen su ayuda y tiempo, encontramos el problema. Por alguna razón, una de ellas pidió ver mi última analítica, y vió que tenía la tiroides alterada. Me moví para que me la miraran en el centro de salud y empecé a tomar medicación. Tardó un mes en hacer efecto. Cuando de verdad noté que mis pechos cambiaron, mi bebé ya tenía 4 meses.
Mis pechos parecían responder y yo estaba contenta, pero mi bebé se había encariñado demasiado con el biberón. Así que ahora que podía tener leche, mi bebé ya no quería teta… El biberón era más fácil de tomar.
Por suerte, yo ya había leído muchísima información, en especial de Alba Padró, y pedí a la enfermera pediátrica y a mi matrona sondas nasogástricas para hacer un relactador casero. Y aunque me costó que mi bebé aceptara la sonda, lo conseguimos.
Nunca llegué a conseguir una lactancia materna exclusiva, creo que porque ya era muy grande (tenía 4-5 meses). Pero con la sonda, al menos logramos una lactancia mixta que mantenemos hasta hoy, con 27 meses, ya que aún hace una toma con ella.
Ahora estoy embarazada de 33 semanas, después de dos abortos previos, y aunque estoy súper informada, me asusta no lograrlo otra vez. Por el momento, he empezado a hacer extracción prenatal de calostro, y ver que tengo calostro ya me da cierta tranquilidad.

Espero ayudar a alguna mamá con mi relato. Lo que más alivió mi frustración y tristeza fue poder compartir y sentirme escuchada en el grupo de Alba Lactancia.

¡Gracias por leer!
Un saludo,
Aída.
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