"Es el mayor regalo para los dos"

"Es el mayor regalo para los dos"

Os compartimos la vivencia de Analia, que nos ha emocionado por su tenacidad y positivismo, ante una situación durísima. En un mensaje privado, Analia nos cuenta que su deseo es poder transmitir a otras familias que se encuentran en la misma situación que la lactancia sí es posible y que cualquier mamá que este pasando por el difícil momento de tener a su bebé en La UCIN sepa que se puede amamantar. Estamos seguras de que este relato puede ayudar a muchas mamás, gracias Analia.

Nuestra lactancia fue sacrificada al principio pero dio el mejor de sus frutos y hoy nuestro bebé se alimenta con pecho exclusivo. ¡Es el mayor regalo para los dos!

En nuestro caso comenzó en una sala de terapia intensiva mientras yo recibía una transfusión de sangre después de un desprendimiento casi total de placenta. Mi embarazo fue normal hasta que un día estábamos con mi marido cenando tranquilos en casa y en menos de una hora nuestro bebé se encontraba en la UCIN peleando por su vida y yo en una sala de terapia.

No es nada fácil pensar en sacarse leche después de despertar de una anestesia general, sin panza, sin tu bebé al lado y sin ni siquiera saber lo que pasará en un futuro. Mi bebé tenía tan sólo 29 semanas de gestación al momento de nacer. Pero el increíble y hermoso trabajo de las puericultoras logró aquello que parecía tan difícil.

Ellas aparecieron en la sala de terapia diciéndome “lo único que podes hacer ahora por tu bebé es alimentarlo con tu leche. Lo necesita más que nunca. Es oro en polvo para él. Aunque sea una gotita tiene un valor incalculable.” Y así fue que sacarme leche se convirtió en mi objetivo diario para ayudar a nuestro hijo.

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A medida que pasaba el tiempo las cosas cambiaron. Primero fue conocer a mi bebé, tan chiquito, conectado a miles de máquinas que lo ayudaban a vivir, pero siempre con la fuerza de un toro. Luego fue irme de alta sin panza y sin Lucas (sin duda los dos momentos más duros de mi vida). Y después fue comenzar con mi nueva vida de “mamá de la Neo”. Mi rutina empezaba bien temprano cuando me levantaba a las 6 para esterilizar el extractor de leche y me sacaba antes de salir de casa. Llegaba a la Neo con la leche en una conservadora y la dejaba en el estante de la heladera correspondiente a la isla de terapia en donde estaba internado Lucas. Después dejaba mis cosas en un locker y entraba a ver a mi bebé, lo hacía sí o sí para poder arrancar mi día, ¡él era nuestro motor para seguir adelante! Inmediatamente me tocaba una nueva extracción, algo que hice religiosamente cada tres horas, los 55 interminables días que duró la internación.

Obviamente no todo era tan lineal, había días mejores y otros peores. Había días con malas noticias, otros agotadores, días lluviosos y fríos, algunos con noticias alentadoras, días llenos de esperanza y hasta días de risas con los demás papás de neo. Nada me sacaba de la cabeza lo que ese ángel vestido de puericultora me había dicho. Cada tres horas estaba en el lactario. Siempre.

Claro que tuve momentos en donde la lactancia se me hizo cuesta arriba, días después del nacimiento de Lucas terminé en una guardia con la noticia que tenía que volver al quirófano. Me tenían que sacar la vesícula. ¿Cómo podía ser?! Tenía a mi bebé internado y recién me habían sacado los puntos de la cesárea! ¿Cómo iba a seguir con la lactancia en esas condiciones? ¡Pero se pudo! El día de la cirugía llevé leche que tenía frezada para las primeras tomas del día y luego de la operación una de las puericultoras de la Suizo estaba en mi habitación con una máquina extractora de leche. Ni bien me repuse de la anestesia seguí con mi rutina de sacarme cada tres horas como todos los días. ¡Es increíble el poder del cuerpo!

También tuve conductos tapados y un principio de mastitis. Pero fueron solo piedritas. ¡Eso no era nada al lado del esfuerzo que estaba haciendo Lucas!

En la semana 34, por primera vez, me ponen a Lucas al pecho. Todavía me acuerdo cada minuto de aquel domingo! “…Lo ponemos para estimular… no se va a prender… todavía es muy chiquito” esas fueron las palabras de la enfermera que atendía ese día a Luqui. Pero no fue así. Como dije antes, nada es lineal. Lucas succionaba como un bebé de término (incluso lo hacía con la sonda puesta!) Siempre tan luchador y perseverante! Ese día todo cambió, estábamos muy conectados, más unidos que nunca.

Nos pasaron a terapia intermedia y ya podíamos estar todo el día con nuestro hijo. Todo se ponía cada vez mejor. Al principio podía mamar solo una vez al día para que no se agitara, era tan chiquito! Después fueron dos tomas diarias, y luego todas las correspondientes al día. Durante el día tomaba pecho a demanda y durante la noche tomaba con sonda al principio y después con vaso (método que utilizaban las nurses para que los bebés no confundieran el biberón con la teta. Había que ver con qué facilidad los alimentaban con un vaso descartable!).

55 días después del nacimiento de Lucas nos fuimos a casa. Los tres, felices. Lo habíamos logrado, juntos.

La lactancia en casa tampoco fue fácil al principio. Luqui era en ese momento un bebé de 36 semanas, muy chiquito, que se ahogaba cuando tomaba. Ya no estaba conectado a un monitor que nos indicara su frecuencia cardiaca o su respiración. Los papás que salimos de neo consideramos esos monitores indispensables porque formaron parte de nuestro hijo desde el nacimiento. Pero no es así, a los pocos días uno se olvida hasta de para qué servían.

Muchas veces me tenía que sacar leche manualmente antes de darle de mamar y hacer muchas pausas en las tomas por sus ahogos. Pero a medida que el tiempo pasaba todo mejoraba. Él ya no se ahogaba y yo ya no tenía la tensión de observar el color de su piel o el ritmo de su respiración. Los miedos fueron cada vez menos.

Hoy, 10 meses después de su nacimiento y 8 meses después de su llegada a casa, gozamos de una hermosa lactancia a demanda. Yo estoy trabajando jornada reducida después de tomarme 6 meses de licencia y eso tampoco nos detuvo. Sigo con mi conservadora en mano y mi extractor de leche que me acompañan a todos lados. Me saco leche en el baño del trabajo y la guardo en mi conservadora para que Lucas tenga sus tomas para el día siguiente. No importa si recién comió o no, él me espera con una sonrisa y ni bien lo agarro a upa busca desesperadamente tomar su teta. Y así nos pasamos la tarde. No sé cómo serán las cosas en un futuro, en dos meses tengo que comenzar a trabajar todo el día, voy a pasar muchas horas fueras de casa, pero si hay algo que aprendimos en este último tiempo es a disfrutar de lo que tenemos hoy.

Esta es la resumida historia de nuestros primeros días de lactancia. Momentos duros, sacrificados, pero llenos de amor y felicidad. Repito, no es lineal, algunas mamás pudieron con la lactancia y otras no. La Neo es muy dura. Solo los que pasamos por ahí lo sabemos. ¡Pero se puede!

Me queda agradecerle a todos. A mi hijo, mi motor, mi todo, que luchó como un guerrero y se quedó con nosotros. A mi marido, que me levantó en cada caída. Que cada vez que me tenía que sacar leche estaba ahí pendiente del esterilizador, de que tenga un vaso de agua o que tenga unos almohadones en la espalda para estar más cómoda. Él también fue el responsable de que la lactancia fuera un éxito. A mi familia, mis amigos, médicos, enfermeras y puericultoras. Y en especial gracias a Dios, que nos acompaña cada segundo de nuestras vidas.

 

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2 comentarios sobre “"Es el mayor regalo para los dos"

  1. Que lindo Ana leer esto yo que te segui dia a dia a través de Ornella y viviendo lo mismo que vos con unos cuantos dias de anticipación comparto todo este sentimiento vivido!!! Y una mama que paso por una Neo como nosotras hay algo que nos cambia es increíble pero esa vivencia única nos hace mas Leonas todavía.
    Besote enorme para los 3.
    Rosana, mama de Uma.

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