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Luto y lactancia: “Mi padre murió un mes antes del parto”

Luto y lactancia: “Mi padre murió un mes antes del parto”

Os compartimos este relato que una lactappera nos ha enviado sobre luto, embarazo y lactancia:

 

Hoy en día  la maternidad es algo habitualmente tan planificado que estamos preparadas para vivir alegría e ilusión, pero no para gestionar una desgracia y una alegría a la vez.

Me llamo Laura y tras una operación de útero y mucho esfuerzo (que no viene al caso) me quedé embarazada. Enterarme de ello fue maravilloso.
El 31 de mayo, estando en el tercer trimestre de embarazo, tuve una hemorragia por la que ingresé en el hospital. Esa noche casi nace el niño, al sospechar los médicos que podía estar afectada la placenta.
El día de mi ingreso hice una videollamada con mi padre. A la mañana siguiente hablé también con él. Estaba trabajando y me decía que todo iría bien. Era una persona de 61 años sana, deportista y que cuidaba su dieta. Tomaba infusiones, semillas saludables, sustituía el azúcar por xilitol, se hacía revisiones periódicas públicas y privadas… Estaba como un roble.
Pero se lo llevó una embolia pulmonar masiva en cinco minutos.
Mientras estuve hablando con él por teléfono, los médicos se habían reunido para decidir si me provocaban el parto. Pasaron las horas y llegó mi marido junto al jefe de Pediatría y de partos (a los que agradezco su amabilidad y trato). Al verles, pensé que venían a decirme que me caería una cesárea, yo que quería ‘parir’. Pero no, la noticia era que mi padre acababa de fallecer. Perdón?????????????? ¡Había hablado con él a las 10h! Murió a las 13h, trabajando.
En ese mismo momento, la familia cambia. Mi hermana (que se casaba en dos meses y contaba con nuestro padre como padrino) había desayunado con él ese día, y por la tarde tarde le estaba haciendo una esquela. Mi madre llevaba con él desde los 18 años y era el amor de su vida. Con una hija ingresada, sumado a la preocupación por cómo nacería su nieto. Y a mi abuela, ¿cómo le dábamos la noticia? Con 90 años y madre soltera de un único hijo. ¿Y a los nietos?
Pero todos esos pensamientos tienes que aparcarlos. Estás embarazada y no quieres que un mal sentimiento pueda afectar al bebé. Durante los monitores no podía parar de llorar. No pude ir al funeral a causa de las hemorragias. Me decían que tienía que comer y dormir por el bebé. Pero por mi padre, a quien adoraba, nada podía hacer.
En mi soledad (en pleno Covid sin visitas) buscaba información y ayuda en internet, pero no encontraba nada más que posibles daños cognitivos al bebé por la ansiedad, niños más propensos a la depresión…
Me sentí muy culpable. Tenía que estar ilusionada. Tenía que comer y dormir. Pero también quería llorar a mi padre, que era el pilar de mi vida. Me preguntaba porqué una persona buena y trabajadora, a punto de jubilarse, no iba a conocer a su nieto. Pero tenía miedo. Estaba ingresada, tenía hemorragias y si algo le pasaba al niño en ese momento, tendría la culpa yo y mi padre por morirse.
Empezaron a llegar los pésames. Todos iguales: el niño os ayudará a seguir adelante. Piensa en el niño. Sé fuerte por el niño. Veía emoción por el bebé en la familia de mi pareja, mientras que la mía estaba destrozada.
Acababa de perder a mi padre, no conocía a mi hijo ¿y no podía llorar por si hacerlo le causaba daño al niño? A la tristeza le sumaba la rabia y enfado. Realmente sentía que nadie me entendía.
En el hospital, encantadores, me derivaron a salud mental, donde estaban especializados en el duelo perinatal. Pero no encajaba, porque en ese tipo de duelo hay solo dolor, mientras que yo necesitaba canalizar dos sentimientos a la vez: alegría sin sentirme culpable por llorar a mi padre y tristeza por mi padre en un momento feliz.
Continué ingresada durante un mes casi, sin visitas. Hasta que finalmente nació el bebé, un mes después por parto inducido.

Postparto y lactancia

Tras el parto, ,e recomendaron dar el pecho para evitar la depresión posparto. Fenomenal, pensé. ¡Más presión si no eres capaz!
La gente veía que acababa de ser madre y esperaba que estuviera feliz. ¡No se esperaba otra cosa! Hubo visitas y conversaciones sobre el parto, pero yo solo quería llorar a mi padre, porque me acababa de liberar de mucho estrés al nacer el peque. En este aspecto, el sacaleches me dio la vida. Me permitió llorar y descansar, mientras el padre daba mi leche.
Durante mi ingreso hicieron un funeral para mi padre, pero esperaron a que naciera el bebé y yo estuviera fuerte para que pudiera estar en el entierro y despedirme. Tuve miedo por si se me ‘cortaría’ la leche. ¿Qué medicación podía tomar para sobrellevar el entierro? La pediatra me dijo que nada, que a pelo, que estas cosas son así. Pero yo no me atrevía a afrontarlo. Por suerte, mi ginecóloga me recomendó Orfidal. El peque tenía un mes. Tomé medio Orfidal el día del entierro para poder ir al cementario y luego tiré la leche. Tenía miedo, dudas, ¡muchas dudas!
Me considero una persona fuerte, con herramientas suficientes para superar esto y con una familia muy unida que me apoya. Pero me hubiera gustado tener más información. Y es que yo me decía, ¡a alguien más le ha tenido que pasar esto!
Celebramos un funeral, una boda y un bautizo en tres meses. Porque hay que seguir adelante. Me da mucha alegría tener a mi hijo. Pero no hay día que no me acuerde de mi padre.
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