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Prematuros: cuatro relatos

Prematuros: cuatro relatos

Hoy es el día de los prematuros y nos hace mucha ilusión reunir varios textos de madres que vivieron esta complicada y agotadora situación para poder leer sus diferentes puntos de vista y experiencias. Os dejamos con estos relatos que nos han ido llegando en los últimos años. ¡Mil gracias a todas las madres que los han escrito!

 


Hola!! Mi nombre es Silvia y soy la mamá de Diego, un gran prematuro de 25+6 semanas.

Diego permaneció ingresado 88 largos días, cierto es que los últimos 21 fueron en la unidad de intermedios, donde el alta se veía cada vez más próxima. Es una experiencia que jamás olvidaré, por dura y por estar llena de incertidumbre, miedos…

Una vez leí que las mamás de prematuros tenemos muy asumida la palabra “pérdida” ya que perdemos nuestra barriguita muy pronto, perdemos a nuestros bebés, ya que nos los quitan nada mas nacer… la verdad es que estoy totalmente de acuerdo… tu vida, de repente se cae a trozos y todo con lo que habías soñado, deja de tener sentido. Si soy sincera, nunca confié en mi bebé, nunca pensé en un futuro…

Pero gracias a que es un campeón, el 16/11 cumple 2 añitos y está hecho un trasto. Es verdad que es mas pequeño que los niños de su edad, pero mi pequeño me ha enseñado a ver la vida de otra forma, a saber valorar cada pasito que da y a disfrutar de lo que realmente es importante!!


Hola me llamo Rocío y soy mamá de dos mellizos, Yago y Mara, que decidieron nacer muy pronto, en la semana 31. Ingresada desde la semana 28, mi única preocupación era que si nacían muy pronto no podría darles el pecho y cuando se lo conté a mi ginecóloga, me corrigió enseguida. Sí podría amamantar a mis pequeños. De hecho, la leche materna para los niños prematuros es mucho más que alimento, es una medicación. No fue fácil, mis chicos nacieron sin reflejo de succión y fueron alimentados con una sonda por la nariz, pero con mi leche.

Yo me extraía mi leche, primero manualmente, con la ayuda de mi pareja, puesto que me dolía. Recuerdo la primera vez. Nada más dar a luz, cuando me subieron a planta, sola en mi habitación llorando por no tener cerca a mis niños, empece a masajear y extraerme. Quería llevarles el mejor de los regalos cuando les volviera a ver, saqué muy poquito en dos jeringuillas….
Después con el sacaleches, en el hospital y en casa, para llevarla en una neverita al hospital.

Hasta que por fin ellos succionaron, juntos en un cojín de lactancia o por separado mientras que papá entretenía al otro.
Y hoy con un año siguen lactando.

Gracias al apoyo de mi familia, de enfermeras y asesoras de lactancia ¡lo he logrado! Y sé que gracias a mi leche mi hijo e hija están tan bien. Por eso animo a todas las madres, a por lo menos asesorarse e intentar amamantar y sobre todo si son prematuros. ¡Feliz día de la prematuridad!


Hola soy Judith. Después de unos 5 años de espera y sin esperarlo ya porque nos habían dicho que era imposible sin ayuda, nos quedamos embarazados. Cuantas veces había imaginado que me hacía una prueba de embarazo, que tenía un bebé. Pasaron los meses y, sin creérnoslo aún, la barriga iba creciendo. Me encontraba genial, me veía súper guapa. En una visita al ginecólogo en la semana 28 me tomaron la tensión y la tenía por las nubes. Mi ginecólogo me dijo que iba a hablar con un colega suyo de otro hospital y que al día siguiente me llamaba. Yo soy hipertensa crónica y tengo tensiómetro en casa.

No os puedo describir cómo pase esa noche en casa. A cada rato me tomaba la tensión y no pude dormir nada. Fue una noche malísima. A la mañana siguiente me llamó el doctor para decir que me fuera para las urgencias del hospital.

En el trayecto en el coche yo pensaba que me dejarían unos días ingresada. Fue llegar al hospital y me atendieron enseguida. La comadrona, majísima, me hizo unas pruebas. Vino el ginecólogo y, por vez primera, aunque parecerá raro, oí hablar de la preeclampsia. Acto seguido, el doctor me dijo que me iban a dejar ingresada y que iban a intentar aguantar al máximo el niño dentro de mí hasta la semana 34.

Todo me parecía una película. Tenía sentimientos encontrados, pero lo que recuerdo de esos momentos es mucha confusión, estaba en shock y así estuve durante muchos días. Fueron pasando los días. Nos tenían controlados y, sin más, una mañana en la semana 31 la enfermera, en unas correas como cada mañana, me dijo que si no notaba algo. Yo no notaba nada, sólo cómo se movía el niño. Me siguií preguntando y al final identificamos que lo que para mí era que el niño se movía, resultaban contracciones. ¡Me había puesto de parto sin notarlo!

Vinieron los ginecólogos y me dijeron: “¿Te acuerdas que te dijimos de aguantar al máximo pero que si no haríamos cesárea?” Sí, dije yo. Pues este es el momento, dice el ginecólogo.

Y sin darme cuenta, ya estaba en quirófano. Confusión, miedo, pánico, expectación, son algunos de los sentimientos que tenía al entrar en quirófano. Pero sobre todo tenía miedo. Ese miedo que nunca viví ni sentí. Sólo pensaba en que mi bebé estuviera bien, que naciera vivo- Pensé que me iba a morir, que no íbamos a salir de ahí. ¡Qué momentos tan difíciles e intensos! Y con muchísimo dolor, porque la epidural no me hizo efecto, pero no podían ponerme nada porque tenían que sacar al niño sí o sí.

Recuerdo cómo el médico dijo “venga campeón” y oí un pequeño llanto. Sentí que era mi bebé. Al rato, me acercaron una incubadora donde a duras penas pude verle la parte derecha de la carita porque estaba muy tapadito. Yo todavía estaba tumbada y dopadísima, porque después de sacarlo me durmieron.

Recuerdo como una vez ya en la habitación, preguntaba por mi bebé y me dijo la enfermera que si por la tarde me podía levantar, podía ir a verlo.

Liesler nació a las 10.26 de la mañana con 1 Kilo y 34cm y su mami a las 20h después de 10 horas de la cesárea estaba de pie para ir a verle.

Fue tan impactante cruzar aquellas puertas. Un nuevo mundo conocía e iba a ver a mi bebé. ¡Era tan pequeño! Te sorprende que puedan salir adelante. No podía cogerlo porque estaba alto de bilirrubina y tenía las lámparas puestas, estaba tomando el sol. Pero al día siguiente yo estaba allí para cogerlo porque la enfermera me prometió que podría cogerlo un ratito. Y así fue. Ese fue el primer momento en el que sentí a mi bebé piel con piel después de 24 h de haber nacido. Lo olí, lo besé, lo acaricié…

Durante 2 meses y medio mi pequeño estuvo en una incubadora luchando por vivir. Es un ejemplo de fuerza y coraje. Así que, ¿porque no íbamos a luchar para tener una lactancia materna? Desde las 2 horas que él naciera yo pedí un sacaleches y así estuve durante 6 meses, sacándome leche para mi niño. Porque mi hombrecito fue a los 6 meses cuando decidió engancharse al pecho. ¡Fui la mujer más feliz del mundo! Una cosa más que consigue mi héroe. Ahora, con 10 meses, no se separa de la teta. No hacemos lactancia materna exclusiva, pero las veces que él quiere teta cuando estoy con él, es toda suya.

 


Me llamo Clara, tengo 36 años y soy madre de una gran prematura. Clàudia nació en abril, en la semana 28 de embarazo, con 1 kilo de peso y muchas ganas de vivir. No solo es difícil ser papá o mamá de un gran prematuro por el hecho de que es pequeño, sino también porque a menudo arrastran problemas de salud varios (de corazón, pulmonares, visuales, auditivos,….). Pero yo os voy a contar las cosas que marcaron su nacimiento y que quizá son más difíciles de contar.

Llegamos al hospital un viernes por la tarde con ambulancia y nos dijeron que al día siguiente provocarían el parto, no se podía esperar más. Esa noche no dormí, tuve el pensamiento más cruel que he tenido en mi vida y me sentía terriblemente culpable por ello. Todavía hoy se me escapa una lágrima: “Por favor, que nazca bien o que nazca muerta”.

No podía dejar de llorar. Llegó la mañana y estaba muy cansada. Me indujeron el parto a primera hora pero Clàudia no nació hasta las 7 de la tarde. ¡Estaba tan agotada! Voy a dejar de lado el maltrato obstétrico de ese día, pues prefiero centrarme en Clàudia. Se la llevaron enseguida y no la pude ver, era lo que tocaba y me parece bien. Unas horas más tarde dije que quería verla y me ayudaron a llegar a la UCI neonatal. La vi y me enamoré. Ya nada importaba, estaba allí y era preciosamente fea.

Me enamoré. Mis ojos no la podían dejar de mirar, pero yo todavía no había dormido y mi cuerpo dijo basta, me maree y me tuvieron que sacar en silla de ruedas, no podía ni andar. Por la noche, de madrugada, me levanté, cogí el palo con el suero colgado y me presenté en a la UCI. Me senté al lado de la incubadora y la acaricié. Las enfermeras me propusieron volver a la cama y descansar, el día siguiente también sería largo.

A partir de ese día aprendimos a manejar su comida, su mini ropa, sus caquitas a chorro… Y el miedo a las secuelas. No solo hacíamos el método canguro, yo le cantaba una canción de Roger Usart que ya cantaba cuando estaba embarazada. De verdad, creo que eso ayudó mucho a relajarnos a Clàudia y a mi. A veces los músicos no saben hasta qué punto su obra es importante. Cuando salimos del hospital, los fui a ver para dar las gracias por hacer canciones tan hermosas.

Ahora Clàudia está genial, tiene un carácter independiente y un gran sentido de la justicia. Es una niña fantástica, tierna y valiente. Y tiene un hermano, Bernat, que nació con 4 kilos en la semana 42. Porque no son valientes quienes no tiene miedo, sino los que teniendo miedo siguen adelante.

Clàudia hizo lactancia mixta hasta los 6 meses. Bernat no ha probado nunca leche de fórmula o cereales para bebés. Ha crecido con teta y galletas. Son niños diferentes en situaciones diferentes. Todo está bien si el resultado son niños fuertes.

Ánimo a todas las mamás y papás. ¡Ánimo a todos los superpeques!!
Mil besos y una canción.


 

Buenas!! Soy Ana, la afortunada mamá de un peque que nació en la semana 29+4 con un peso de 800gr. Tuvimos que estar 68 días en neonatos, los cuales han sido los más devastadores de toda mi vida, acabando sin fuerzas para nada que no fuera estar con mi hijo. A veces incluso sin fuerza para esto. Despertando cada 3 horas para extraer la leche que tanto bien le estaba haciendo a Miguel. Al final a una semana de la fecha prevista de parto, nos dieron el alta con biberón de leche materna. Mi peque no se enganchaba al pecho y ya no quedaban fuerzas para intentarlo. Unos meses más tarde, su pediatra descubrió que tenía mucho frenillo y en la misma consulta se lo cortó. A las semanas, ya teníamos instaurada una lactancia “normal “.

A día de hoy seguimos con la teta y Miguel es un nene feliz y sano. La displasia pulmonar que tiene no es para tanto después de 2 inviernos. Todo pasa, por mucho que penséis que no podéis más, por mucha desesperación y estrés que seguramente tengáis, quiero que sepáis que llegará el día en el que os dejéis de preocupar por los gramos, centímetros y pitidos de máquinas.

 


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