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Contra todo pronóstico

Contra todo pronóstico

Con un inicio difícil, con unos antecedentes que podrían suponer una barrera, con “ayudas” que desayudan… Sara nos cuenta en su relato de lactancia que hay cosas que pueden marcar la diferencia para que puedas llegar allí donde imaginaste, además de llevarte unos muy buenos aprendizajes. El apoyo y acompañamiento que recibimos realmente puede ser clave.

Gracias Sara, por tu valentía, generosidad y por tu historia.

Hola, querida mamá:

Me gustaría compartir contigo mi experiencia para darte confianza, fuerza y ánimo si estás viviendo una situación parecida a la mía.

Siempre había querido ser madre y, cuando por fin me quedé embarazada, leí muchísimo sobre cuidados del bebé y lactancia. Sin embargo, tenía muchas dudas y poca confianza en conseguir amamantar, porque estoy operada del pecho: ocho años antes me había realizado un aumento mamario.

Tras informarme y consultar con matronas, me explicaron que la prótesis podía influir en la producción de leche si durante la operación se había tocado algún conducto, pero que merecía la pena intentarlo.

Meses después nació mi preciosa bebé, Sofía, con ganas de comerse el mundo. Fue mediante cesárea, algo que muchas veces se asocia con un inicio más difícil de la lactancia y del contacto temprano. En nuestro caso, a pesar de la fuerte tiritona que tenía al salir de quirófano, cogí a mi bebé y la puse al pecho enseguida. Sofía se agarró con muchísimas ganas, fue de los momentos mas felices y emocionantes de mi vida, se me olvidó que acababa de salir del quirófano. Fue una experiencia preciosa.

Durante los días de recuperación en el hospital, sentía muchísimo dolor al ponerla al pecho, a pesar de intentar seguir al pie de la letra las pautas de colocación y agarre. En las clases de preparación al parto las matronas repetían que la lactancia no debía doler. En mi caso, sin embargo, el comienzo fue muy doloroso hasta que todo empezó a asentarse meses después.

Además, en el hospital viví una experiencia que me hizo perder casi por completo la confianza. Pedí apoyo por el dolor que tenía en los pechos y una enfermera me extrajo calostro presionando muy fuerte y sin masaje previo. Me dolió muchísimo y ese pecho quedó todavía más sensible durante días; incluso sentí calambres en él durante un tiempo. Después me dijo que, como estaba operada, mi problema era que tenía poca leche. Si tengo otro bebé no consentiré que me traten de esa manera tan brusca y ya sabré como actuar, no dejaré que me toquen sin preguntar antes que van a hacer y con qué fin salvo que fuera una urgencia médica.

Más tarde, al traerme un biberón y dárselo ella misma, comentó: “Mira, si hasta agarra el biberón ella sola del hambre que tiene”, mientras soltaba el biberón y veíamos como mi hija se terminaba el biberón ella sola y con mucha ansia. Aquello me desmoronó por dentro. No lloré en ese momento por intentar mantenerme fuerte, pero sentí que me venía abajo.

No quería que mi hija pasara hambre, así que empezamos a darle biberones. Aun así, siempre la ponía primero al pecho todo el tiempo que quisiera; muchas tomas podían durar una hora o más.

Al darnos el alta nos pautaron continuar con lactancia mixta. Mi pareja, al verme decaída por los dolores del pecho, de la recuperación de la cesárea y por la sensación de que la lactancia materna tenía los días contados, buscó apoyo y encontró un grupo llamado La Liga de la Leche. Son voluntarias maravillosas y, gracias a su acompañamiento y al apoyo incondicional de mi pareja, recuperé la confianza en mí misma y conseguí llegar a una lactancia materna exclusiva en pocos días desde el alta.

Tanto fue así que, en su primer mes de vida, mi bebé pasó de 3 kg a 4,250 kg alimentándose solo con mi leche. Hoy, mientras escribo estas líneas, le falta una semana para cumplir los tres meses y pesa 6,120 kg.

Por eso, mamá, quiero decirte: confía en ti. En mi caso, para quedarme tranquila, durante las primeras semanas pesaba a mi bebé unas tres veces por semana y, después, pasé a hacerlo una vez por semana, siempre solo con body y pañal recién cambiado. También observaba el número de pises y cacas al día, comprobaba que quedara tranquila tras las tomas y le permitía estar al pecho todo el tiempo que necesitara.

A veces, lo que necesitamos no es rendirnos, sino encontrar información fiable, apoyo y alguien que nos recuerde que somos capaces.

Ojalá mi historia te ayude a confiar un poquito más en ti, en tu bebé y en vuestro camino juntas.

Muchas gracias

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