“¿Qué haces con este bebé en urgencias?” – Relato de una madre

“¿Qué haces con este bebé en urgencias?” – Relato de una madre

En agosto nació mi hija y fue el día más feliz de mi vida. A partir de ese momento todo ha sido un proceso de aprendizaje, con muchas dudas, miedos… pero también con muchas alegrías, sorpresas y descubrimientos. La lactancia materna ha ido bien desde los primeros días, y las noches, la verdad no me puedo quejar, me pide teta solo dos veces y seguimos durmiendo juntas.

Otra cosa ha sido mi salud, algo normal según mi matrona, que se ha resentido debido a los cambios hormonales, el cansancio de las primeras semanas, el estrés emocional… Así que pasé por un superherpes en el labio, a una infección de orina hasta llegar a una vestibulitis nasal por infección bacteriana. 

Y es este último episodio el que me gustaría compartir con vosotras/os, puesto lo que se suponía que era una pequeña infección acabó en un ingreso en urgencias por infección bacteriana grave. Os explico:

 

Desde hace tres días que tengo media cara hinchada y con mucho dolor, tengo un bulto dentro de la nariz y lo que parece un orzuelo en el ojo. Me dirijo al hospital de mi población (Hospital de la Sanidad Pública en un pueblo muy cerca de Barcelona) con mi bebé (un mes y medio) y me registro en urgencias. Estoy sola, más adelante llegaron mis padres y mi marido. Me espero en la sala de espera especial para bebés de 0-3 meses y me parece muy bien que tengan este espacio separado de la sala de espera de adultos y de la de niños/as. “Que bien que tengan preparado este espacio para los bebés más pequeños” me digo. 

Me llaman por megafonía y entro con el carrito, la mochila ergonómica y mi bebé en cribaje. Primer comentario del doctor en cuanto me ve (se cubre de gloria) “¿Qué haces con este bebé en urgencias? ¿Esto es un asesinato no lo ves?”. Yo me quedo petrificada, le comento que estoy sola, que en una hora ya vendrán mis familiares y que soy madre lactante… pero no puedo reaccionar más. La exploración es correcta y, a nivel médico, no tengo ninguna queja, ya que avisa a un otorrino de forma urgente y no tengo que esperar mucho.

Vuelvo a la sala de espera y le voy dando el pecho a mi hija. Llegan mis padres y les explico la situación, los pobres se muestran muy preocupados. Me vuelven a llamar y yo entro con mi peque enganchada a la teta; volviendo a escuchar comentarios muy similares tanto del doctor que me visita, como de otros doctores y doctoras de urgencias. ¡Me asustan diciendo que puede coger cualquier cosa grave, que si no me doy cuenta! Yo ya estoy muy nerviosa y ya no sé qué es lo mejor, incluso pienso en marcharme a casa

Cuando me visita el otorrino, me confirma una infección grave por una vestibulitis nasal (posible afectación ocular y/o cerebral) y que me tengo que quedar ingresada con antibióticos y demás medicación vía intravenosa hasta nuevo aviso. Pero, sobre todo, que me quedo ingresada sin mi hija. Aquí yo ya no puedo más y empiezo a llorar pensando en cómo voy a dejar a mi hija sola, si solo toma teta (ni biberones, ni chupete, por más que insista el médico). Llega mi marido y, al verme tan nerviosa, él también se contagia; habla con los médicos y la respuesta es la misma: en urgencias la niña no se puede quedar (porque el ingreso es en urgencias, claro). Ya estábamos en pleno ataque de llanto y nervios, pensando en traer el sacaleches, en cómo se tomaría el biberón, consultando si la medicación y las pruebas que me iban a hacer era compatible con la lactancia porque si no corre a comprar leche de fórmula, en cómo dormiría la peque (porque duerme conmigo)… cuando, no sé cómo, se me enciende una luz y pido hablar con una ginecóloga para valorar un posible ingreso con mi hija en la planta de obstetricia (todo esto entre llantos y un auténtico ataque de nervios). El doctor la avisa y, en pocos minutos, me visita, tranquilizándome solamente con su manera de tratarme y confirmándome que me van a ingresar en planta de pediatría el tiempo necesario, con mi hija. Ahora ya lloro desconsoladamente y saco todos los nervios acumulados junto con mi marido. ¡Jamás pensé que fuera tan duro separarse de tu hija, que horas más angustiosas!

Mi marido aprovecha para llamar a la matrona de mi ambulatorio para explicarle la situación y, nos sorprende su respuesta: que el hospital debe facilitar los espacios más adecuados para ingresos de madres lactantes. Mi sorpresa es mayúscula puesto que es un protocolo en activo y los médicos que me atendieron no lo sabían. Entiendo que los profesionales de urgencias o no estaban informados o, estándolo, lo ignoraron; pero la ginecóloga de urgencias, sí que lo conocía.

Busco información por internet y me encuentro con que existe un protocolo de la Asociación Española de Pediatría para el ingreso de madres lactantes con sus hijos (no solo en casos programados, sino también en casos de urgencias), y en donde se recalca que los beneficios del ingreso madre e hijo/a con la toma de leche materna siempre son superiores a los riesgos (hay excepciones, claro).

Por lo demás, gracias a LaptApp y a www.e-lactancia.org donde pude consultar todas las dudas de pruebas, medicación, extracción de leche materna… puesto que el personal de urgencias mucha idea no tenía. 

Y destacar la suerte de encontrar un celador encantador y cómplice con mi situación, que avisaba a mi marido para traerme la niña y darle pecho, nos cerraba la puerta y favorecía un ambiente de intimidad, me tranquilizaba y me hacía reír con sus ocurrencias, y que en todo momento veló por que las pruebas que me tenían que hacer si hicieran de forma rápida para no dejar a mi niña más tiempo del necesario, y que él mismo me llevó a planta ante la ausencia de otros celadores.  

Gracias a mi comadrona, por acceder a la llamada y preocuparse por la situación durante todo el ingreso.

Y gracias al personal de la planta de pediatría (donde ingresé), que me acompañaron e hicieron la situación más fácil para todos (mamá, papá, bebé): facilitándome cuna (no la usé, la niña durmió conmigo, como en casa), guardándome la leche que me extraía en nevera e identificada (por si me tenían que cambiar la medicación y no podía darle más de mi leche) y ofreciéndome la posibilidad de prepararme biberones de leche de fórmula si, finalmente, no podía darle más teta. A parte de la calidez de su trato, de estar informadas en LME y de su facilidad por adaptarse a mi situación (el ingreso era por la madre, no por la hija).

Y, sobre todo, gracias a mi familia, porque también ellos lo pasaron fatal y buscaron mil y una soluciones para esta situación. 

Deciros que el TAC reveló que no había daño cerebral y que la medicación hizo efecto rápidamente, así que después de dos días de ingreso, me dieron el alta (siguiendo medicación claro), y que a fecha de hoy me encuentro ya recuperada. Los doctores me dijeron que había tenido suerte puesto que era algo mucho más grave de lo que se puede imaginar uno en un primer momento. Así que ahora aprovecho aún más cada día y cada momento con mi niña y mi familia. 

 

Este es el protocolo de la AEP: Recomendaciones para profesionales sanitarios que atienden madres lactantes que precisan ingreso, pruebas u otras circunstancias especiales (2017). Aquí os dejo el enlace www.aeped.es/sites/default/files/documentos/201703-madres-lactantes-ingreso.pdf  

Para mí, encontrar este documento ha sido todo un descubrimiento, no lo conocía.

 

Entonces, ¿qué ha fallado? ¿No deberían estar todos los profesionales del centro sanitario informados de que este protocolo existe? O, al menos, ¿no deberían de haber consultado con otro profesional la posibilidad de poder ingresar con un bebé de lactancia materna exclusiva? Y, ¿por qué la mayoría del personal de urgencias creían que lo correcto era separar a una madre lactante de su hija de un mes y medio? ¿Por qué se atrevieron a juzgar de forma tan agresiva a una madre? ¿Quién les dio derecho a presionarme y asustarme? Tengo pendiente una reclamación al hospital que pienso redactar en breve, ahora que ya estoy recuperada.

 

Me he decidido a compartir mi experiencia con vosotras porque en situación de urgencia médica no siempre sabemos o podemos reaccionar. Si ya debe de ser duro organizarte y separarte de tu bebé en caso de ingreso programado, lo es más en caso de ingreso imprevisto puesto que no lo esperas y, a veces, el shock inicial no te permite pensar con claridad. Espero que lo que me ha sucedido a mí no le vuelva a suceder a ninguna madre más y si, por desgracia, le sucede, que pueda tener información veraz para defender su situación de LME y poder estar ingresada con su bebé de forma tranquila y segura.

Por otro lado, reclamar a los hospitales, ambulatorios y otros centros médicos que informen a todos sus empleados de la existencia de este protocolo y que lo pongan en práctica. Si los profesionales que me atendieron hubiesen estado informados, me hubiese ahorrado esas dos horas de angustia tan tremenda sin saber qué hacer con mi hija. Si los profesionales que me atendieron hubiesen tenido más empatía y educación, jamás me hubiesen dicho y tratado como lo hicieron, haciéndome sentir tan mal y sin poder reaccionar a sus comentarios. 

 

Un saludo. 

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