Bebés prematuros y lactancia materna (Parte I)

Bebés prematuros y lactancia materna (Parte I)

Dar a luz a un bebé prematuro es una experiencia para la que los padres no están preparados. El bebé soñado y anhelado desaparece, la felicidad se aplaza y el futuro es una incógnita demasiado grande. Los padres se suelen sentir perdidos ante la fragilidad de sus bebés. Parece que nada está en sus manos, que no pueden hacer mucho por ellos, que tan solo pueden confiar en los médicos y en los medicamentos. Pero ¿es así?

 

Aunque no hay causas concretas por las que se produzca un nacimiento prematuro, en los países occidentales, se apunta a varios factores como causantes de los nacimientos prematuros: las técnicas de reproducción asistida, los partos múltiples, el estrés laboral, los problemas de salud en la madre y el retraso de la maternidad. En los países en vías de desarrollo, por el contrario, la prematuridad obedece a la falta de seguimiento médico durante el embarazo y el parto.

 

Cada año nacen unos 15 millones de niños prematuros en el mundo, y esta cifra va en aumento de manera inexorable. Más de un millón de niños prematuros mueren debido a complicaciones, siendo a nivel mundial la primera causa de muerte en los niños menores de 5 años.

Y para muchos de los bebés prematuros que logran sobrevivir tampoco va a ser fácil ya que los grandes prematuros pueden padecer secuelas que les afecten durante toda su vida: ceguera, cataratas, retinopatía, miopía, sordera, parálisis cerebral, displasia broncopulmonar….

 

La tasa de supervivencia de los bebés que nacen prematuros a nivel mundial es muy dispar, ya que depende de la situación económica de cada país. Pero más de tres cuartas partes de los bebés prematuros pueden salvarse con una atención sencilla y costo-eficaz, consistente, por ejemplo, en ofrecer una serie de servicios sanitarios esenciales durante el parto y el periodo postnatal, para todas las madres y todos los lactantes: administrar inyecciones de esteroides prenatales; aplicar la técnica de “ “Método Madre Canguro”; fomentar la lactancia materna y administrar antibióticos para tratar las infecciones del recién nacido.

 

Los niños prematuros no disponen de reservas de grasa corporal y no pueden regular su temperatura, por lo que pierden más fácilmente el calor corporal, lo que podría provocarles una hipotermia, poniendo su vida en peligro. Necesitan más energía y cuidados para conservar el calor. Cada vez más hospitales fomentan las unidades abiertas que permiten tener acceso irrestricto a los pequeños. De esta manera, cuando el bebé está estable puede estar cuantas más horas mejor en contacto piel con piel con sus padres.

Los bebés prematuros pueden tener dificultades a la hora de alimentarse debido a que la coordinación de su reflejos aún no está madura, y no son capaces de: succionar, deglutir y respirar a la vez. Por ello los bebés nacidos antes de las 30-34 semanas de gestación pueden necesitar ayuda adicional para alimentarse, y es posible que necesitan una sonda naso u orogástrica durante una temporada, hasta que la succión sea eficaz y no hagan desaturaciones respiratorias a la hora de mamar.  Muchos niños prematuros empiezan a respirar de forma autónoma desde el momento en que nacen, pero otros necesitan reanimación. Si los pulmones no han terminado de desarrollarse tienen también mayor incidencia de apneas y pueden necesitar el uso de una máscara CPAP (presión positiva continua en las vías respiratorias) o de gafas nasales hasta que sus pulmones estén listos.

“Mi leche es más que alimento, es su medicamento. Puedo hacer algo real para ayudar a mi bebé, por fin algo está en mis manos”

La leche materna es el alimento ideal para cualquier bebé prematuro. La leche de una madre de un bebé prematuro presenta una composición diferente a la de una madre de un bebé nacido a término. Se conoce como leche pretérmino y mantiene esta composición única hasta que el bebé tiene entre 4 y 6 meses. Para un bebé prematuro la lactancia materna y contacto piel con piel con su madre pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. La leche materna tiene múltiples ventajas para ellos:

 

 

  • Es más fácil de digerir, se tolera mejor y se asimila con más facilidad.
  • La lipasa presente únicamente en la leche materna ayuda a fragmentar la grasa de la leche y favorece que sea más fácil de digerir.
  • Los anticuerpos y otros elementos de la leche materna protegen al bebé y es menos probable que padezcan enterocolitis necrotizante (ENC).
  • La leche materna contribuye a mejorar la vista del bebé gracias a todos los ácidos grasos y la lactosa que contiene.
  • La leche materna contiene factores de crecimiento que favorecen la maduración intestinal y del sistema nervioso.
  • La leche materna necesita de un acercamiento entre madre e hijo, hace partícipe a la madre de los cuidados del bebé, lo que fomenta el apego y el vínculo.

 

Los resultados de una investigación realizada por el Hospital Brigham and Women’s en Boston y publicada en The Journal of Pediatrics, muestra el seguimiento y desarrollo de 180 niños nacidos prematuramente. Las conclusiones son que los bebés que recibieron lactancia materna al menos el primer mes de vida tenían mejor coeficiente intelectual y mejores resultados en el desarrollo de habilidades motoras.

Y sabiendo todo esto, cuesta creer que la mayoría de los estudios muestran que la tasa de lactancia de los prematuros es más baja que entre los recién nacidos a término con buena salud. Para los bebés prematuros la lactancia materna es mucho más que un simple alimento, les da oportunidades para crecer adecuadamente. Pero las madres no lo tienen fácil para lograrlo, para conseguir extraer y mantener su producción de leche. Por esta razón las madres de los bebés prematuros requieren más apoyo en su decisión de amamantar, más información y motivación para conseguirlo.

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