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Lactancia materna exclusiva y consumo de ultraprocesados a los 4 y 6 años: análisis del estudio CoAlHaS

Lactancia materna exclusiva y consumo de ultraprocesados a los 4 y 6 años: análisis del estudio CoAlHaS

La lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses se asocia a un menor consumo de alimentos ultraprocesados a los 4 y a los 6 años, según el estudio CoAlHaS, publicado en mayo de 2026 en el European Journal of Nutrition. Se trata de una cohorte prospectiva española y es uno de los pocos trabajos que evalúan específicamente la lactancia exclusiva, y no solo su duración, frente a la ingesta de ultraprocesados.

Contexto

La primera infancia es una ventana crítica para la configuración de las preferencias alimentarias. La exposición sensorial comienza en el útero, a través del líquido amniótico, y continúa durante la lactancia, ya que la dieta materna modifica el perfil de sabores de la leche.

Hay ensayos clínicos que muestran que esta exposición mejora la aceptación posterior de los alimentos con ese sabor, especialmente de las verduras.

Al mismo tiempo, el consumo de ultraprocesados (UPF, grupo 4 de la clasificación NOVA) en menores de 7 años supone, en la mayoría de los estudios, entre el 30 y el 50% de la energía total.

Este patrón se asocia a mayor ingesta de energía, grasas y sodio, menor aporte de fibra y micronutrientes, y trayectorias de adiposidad y riesgo cardiometabólico más desfavorables. Faltaban, sin embargo, datos longitudinales que relacionaran el tipo de alimentación del primer año con el grado de procesamiento de la dieta en la edad preescolar y escolar.

Diseño y metodología

CoAlHaS (Covid, Alimentación y Hábitos Saludables) es una cohorte de nacimiento del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander), centro IHAN con unos 2.500 partos al año. Para este análisis se utilizó la subcohorte prepandemia: 967 recién nacidos reclutados entre enero y agosto de 2018, de los que 574 completaron el cuestionario dietético y se incluyeron en el estudio.

Exposición

El tipo de alimentación se recogió mediante entrevista materna al alta, a los 6 y a los 12 meses, y se clasificó según los criterios de la OMS:

  • A los 6 meses: lactancia materna exclusiva, lactancia mixta (pecho y fórmula, sin otros
    líquidos ni alimentos) o fórmula exclusiva.
  • A los 12 meses: lactancia materna continuada frente a fórmula, ya que ningún lactante
    tomaba pecho de forma exclusiva y todos recibían alimentación complementaria. Para
    comparar ambos momentos, la exposición a los 6 meses también se dicotomizó
    (cualquier lactancia frente a fórmula).


Resultado

A los 4 y 6 años, uno de los progenitores respondió por teléfono el Food Propensity Questionnaire del estudio ENALIA (44 alimentos y 13 ítems de suplementos).

Un equipo de dietistas estimó la ingesta con las tablas españolas de composición de alimentos. Los alimentos se clasificaron según NOVA y se calculó el porcentaje de energía total procedente del grupo 1 (alimentos mínimamente procesados, MPF) y del grupo 4 (UPF). Se definió “consumo alto” como el tercil superior frente a los dos inferiores.

Análisis

Regresión logística con dos niveles de ajuste:

  • Modelo 1: sexo y edad del niño, edad materna en el parto, nivel educativo materno y
    paterno, renta por unidad de consumo (escala OCDE modificada) y energía total en
    cada seguimiento.
  • Modelo 2: Modelo 1 más antropometría al nacer, IMC de los progenitores y actividad
    física semanal del niño (METs, cuestionario de Camargo).

Resultados principales

En el conjunto de la cohorte, los UPF aportaron cerca de la mitad de la energía diaria (48,8% a los 4 años y 48,2% a los 6), y los MPF alrededor de un tercio (34,5% y 35,9%). A los 6 años, los niños alimentados con fórmula a los 6 meses ingerían más energía total (1.530 frente a 1.438 kcal/día; p = 0,001) y obtenían más proporción de ella de UPF (50,3% frente a 46,2%; p < 0,01).

En los modelos de regresión totalmente ajustados (Modelo 2), las asociaciones fueron las siguientes:

Exposición (referencia: fórmula) UPF alto, 4
años
UPF alto, 6
años
MPF alto, 4
años
MPF alto, 6
años
LME a los 6 meses 0,49 (0,25–
0,95)
0,46 (0,23–
0,91)
2,22 (1,14–
4,34)
1,21 (0,65–
2,28)
Lactancia mixta a los 6
meses
1,03 (0,52–
2,01)
1,01 (0,51–
2,05)
1,16 (0,57–
2,33)
0,89 (0,45–
1,78)
Cualquier lactancia a los 6
meses
0,69 (0,40–
1,20)
0,66 (0,38–
1,16)
1,64 (0,92–
2,89)
1,02 (0,59–
1,75)
Lactancia continuada a los
12 meses
0,55 (0,30–
1,01)
0,55 (0,31–
0,97)
1,56 (0,86–
2,82)
0,90 (0,51–
1,57)

OR (IC 95%), Modelo 2. En negrita, asociaciones estadísticamente significativas. LME: lactancia materna exclusiva. Consumo alto: tercil superior del % de energía procedente de cada grupo NOVA.

De la tabla se desprenden tres hallazgos:

1. La LME se asocia de forma consistente a menor consumo de UPF, con un efecto que
no se atenúa entre los 4 y los 6 años. En el modelo crudo, la asociación a los 6 años era
incluso más intensa (OR 0,34; IC 95% 0,21–0,56). Hubo tendencia lineal significativa
entre fórmula, mixta y exclusiva (p de tendencia = 0,048 a los 4 años y 0,034 a los 6).
2. La asociación con MPF es transitoria: la LME duplica la probabilidad de consumo alto
de MPF a los 4 años (p de tendencia = 0,022), pero a los 6 años desaparece tras el
ajuste.
3. La lactancia mixta no muestra efecto en ningún resultado ajustado, y la lactancia
continuada a los 12 meses solo alcanza significación para UPF a los 6 años.

Un apunte para la lectura crítica: la conclusión del artículo afirma que no se observaron
beneficios de la lactancia continuada a los 12 meses, lo que no concuerda con la OR de
0,55 (0,31–0,97) que muestran sus propios resultados para UPF a los 6 años. Conviene
interpretar este hallazgo con prudencia, ya que el límite superior del intervalo está muy
cerca de 1.

Interpretación y posibles mecanismos

El hallazgo sobre UPF es coherente con la literatura previa. Varias cohortes, entre ellas la de Pelotas (Brasil) y el proyecto SENDO en población preescolar española, ya habían relacionado una mayor duración de la lactancia con menor ingesta de UPF entre los 4 y los 7 años. Hasta ahora, solo dos estudios habían evaluado de forma específica la lactancia exclusiva, y ambos apuntaban en la misma dirección.

El mecanismo más plausible es el aprendizaje sensorial temprano. La leche materna transmite una variedad de sabores ligada a la dieta materna, mientras que la fórmula ofrece un perfil constante. Esta exposición repetida favorecería la aceptación de sabores “reales” y, quizá, una menor preferencia por el perfil hiperpalatable y homogéneo de los UPF.

Otra hipótesis, que el estudio no explora, es la autorregulación del apetito asociada a la alimentación al pecho a demanda.

La pérdida de asociación con los MPF a los 6 años encaja con la hipótesis de que, a medida que el niño crece, otros determinantes ganan peso: disponibilidad de alimentos en casa, comedor escolar, influencia de iguales o neofobia.

Las discrepancias con otros estudios que sí mantienen la asociación podrían explicarse por diferencias metodológicas. Muchos de ellos analizan subgrupos concretos, sobre todo frutas y verduras, y no el grupo NOVA 1 completo. Algunos encuentran asociación con verduras pero no con frutas, lo que concuerda con la idea de que las verduras dependen más de la exposición sensorial temprana.

Limitaciones y lectura crítica

  • Diseño observacional. Permite describir asociaciones, no establecer causalidad. La confusión residual es posible, aunque el ajuste incluye las principales variables socioeconómicas y antropométricas.
  • Pérdidas en el seguimiento y sesgo de selección. Solo 574 de los 967 participantes iniciales (59,4%) completaron el cuestionario. Las familias que continuaron tenían lactancias más largas y mejor nivel socioeconómico, dos factores que también predicen la calidad de la dieta. Los autores señalan un posible sesgo de colisionador que, en su opinión, desplazaría las estimaciones hacia el nulo, de modo que el efecto real podría ser mayor. Para mitigarlo, todos los modelos se ajustaron por nivel educativo materno.
  • Desequilibrio socioeconómico entre grupos. Las familias con LME tenían mayores ingresos medios (3.086 frente a 2.797 €/mes; p = 0,038) y estaban menos representadas en el tercil bajo de renta.
  • Medición de la dieta. El cuestionario de propensión alimentaria lo respondió un progenitor por teléfono y la ingesta se estimó con raciones estándar, lo que introduce error de medida. Además, la clasificación NOVA sigue siendo objeto de debate.
  • Variables no recogidas. No se registró la dieta de los progenitores ni las prácticas alimentarias en el hogar, dos predictores relevantes de la dieta infantil.
  • Precisión limitada. Con 163 niños con LME, los intervalos de confianza son amplios y
    algunas asociaciones rozan el límite de la significación.

Implicaciones para la práctica clínica

Con sus limitaciones, el estudio CoAlHaS refuerza que los beneficios de la lactancia materna exclusiva pueden ir más allá del primer año y alcanzar el patrón alimentario de la edad escolar. Para las profesionales que acompañan a familias, esto tiene varias lecturas:

1. Proteger la exclusividad durante los 6 primeros meses es una intervención con posibles efectos a medio plazo sobre la calidad de la dieta. La lactancia mixta, al menos en esta cohorte, no mostró el mismo beneficio, lo que subraya la importancia de abordar a tiempo las dificultades que llevan a suplementar sin indicación.
2. La dieta materna variada durante la lactancia es una forma de exposición sensorial temprana que puede explicarse a las familias sin generar restricciones innecesarias.
3. La lactancia no sustituye al entorno alimentario. La pérdida de asociación con los MPF a los 6 años recuerda que la oferta en casa, el comedor y el ejemplo familiar siguen siendo determinantes. El consejo sobre alimentación complementaria y familiar es igual de necesario en todos los niños, independientemente de cómo se alimentaron.
4. Comunicar sin culpabilizar. Estos datos deben servir para reforzar el apoyo a las madres que quieren amamantar, no para responsabilizar de la dieta futura de sus hijos a quienes no pudieron o no eligieron hacerlo.

Quedan abiertas preguntas que futuras cohortes deberán resolver: si la asociación se mantiene en poblaciones más diversas, qué papel juega la dieta materna y si existe un efecto dosis-respuesta con la duración de la exclusividad.

Referencia

Ferro-Larroy S, Gómez-Acebo I, Alonso-Molero J, Llorente-Pelayo S, Valero-Domínguez S,
Lechosa-Muñiz C, et al. Effect of breastfeeding on dietary patterns in early childhood: the
CoAlHaS study. Eur J Nutr. 2026;65:137. https://doi.org/10.1007/s00394-026-03985-x

 


Laia Rovira
Dietista-Nutricionista, Máster en Nutrición Pediátrica y Experta universitaria en Lactancia Materna


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