Mi testimonio con el cáncer y la lactancia

Mi testimonio con el cáncer y la lactancia

Mi historia comienza el 26 de enero de 2012 cuando me diagnosticaron un cáncer de mama. Tenía 32 años. Hacía ya cinco años que me revisaba anualmente por un fibroadenoma. En la última revisión apareció otra imagen similar en el otro pecho que resultó ser finalmente un carcinoma ductal infiltrante, es decir, un tumor maligno. Hasta aquel entonces, mis experiencias más cercanas con el cáncer no habían tenido un final feliz. Mi padre y mi tía paterna habían fallecido años antes por esta misma enfermedad, así que cuando me dieron el diagnóstico, mis primeros pensamientos fueron muy negativos. Mediante iban pasando los días y con ellos todas las pruebas que me iban haciendo, me tranquilicé. El tumor era pequeño y estaba localizado, los médicos eran optimistas. Dos cirugías, preservación de ovocitos, quimioterapia, radioterapia, braquiterapia y tamoxifeno. El pack completo, como lo llamó yo.
Hoy, después de casi seis años, al echar la vista atrás podría explicar muchas sensaciones desagradables como por ejemplo el día que empecé a notar todos los efectos físicos de la quimio, cuando tuve que dar la noticia a mi familia, el momento en el que entraba a quirófano a extraerme ovocitos pocas semanas después de haber pasado dos cirugías. Pero también puedo explicar maravillas cómo lo bien que sabía la tortilla de patatas después de cuatro días de ayuno, llegar el invierno y poder sentir el aire en la cara, las flores que adornaban mi casa cada dos por tres, el sentirme querida, y toda esa gente fantástica que conocí durante todo ese año.
A día de hoy el cáncer de mama tiene unos porcentajes altos de curación gracias a los programas de cribado y a una población concienciada. Yo tenía 32 años y estaba fuera de las estadísticas. Yo fui una más del porcentaje pequeño pero acabé teniendo un alto porcentaje de curación. Lo que quiero decir es que aún tenemos que seguir luchando por los porcentajes pequeños. Aquellos que son diagnosticados en estadios más tardíos y los que no entran dentro del rango de edad de los cribados, los adultos jóvenes que deben afrontar otras inquietudes como una futura maternidad/paternidad.
Es curioso pensar que gracias al cáncer, tengo el bebé más maravilloso del mundo. Emma fue fecundada por invitro con uno de los ovocitos que me extrajeron. Nació el 1 de julio de este año en Dexeus, después de un parto precioso, familiar y sin complicaciones. Probablemente, el día más emocionante de mi vida. El bebé nació con 3,500kg y desde el primer momento ya se agarró al pecho. Mi cirugía consistió en una tumoroctomía, por tanto, aún conservo el pecho pero con un pezón plano ya que la cicatriz llega a esa zona también. Gracias a una enfermera encantadora conseguimos que mi hija se cogiera al pecho operado. Lloré y me sentí más viva.
La subida de la leche no lo recuerdo como algo doloroso, en una semana la niña ya se agarraba perfectamente. Emma mamaba de mi pecho operado pero al no haber pezón, se me hizo una grieta bastante grande. La herida tardó en curar y la niña ya estaba acostumbrada a mamar sólo del otro pecho y cuando la volvía a poner en el pecho operado, lloraba. A día de hoy, aún estamos así, a veces se coge, pero la mayoría de las veces, lo rechaza. Al faltar glándula mamaria, tampoco sale la misma cantidad. Si el tiempo me lo permite, me lo estimulo con el sacaleches, Es curioso, ver cómo somos animales de costumbres. Cuando la cojo en brazos siempre se dirige al mismo lado, si la cambio para el otro, llora y se queja. En definitiva, estoy amamantando con un sólo pecho y me hija crece sana y feliz. Sin embargo, quiero remarcar que, el hecho de que yo más o menos haya tirado la toalla, sí que es posible amamantar de un pecho operado, por mucha radioterapia que hayan puesto.
Desde un principio, mis médicos me apoyaron en la lactancia, me dijeron que lo intentara, que tanto el bebé como yo ganaríamos, mi recuperación del parto también sería mejor. Cuando empecé a llevar a mi niña al pediatra, tuve mucha suerte. Le expliqué mi situación, me animó muchísimo y cuando Emma rápidamente empezó a ganar peso, me felicitó. Yo estaba como en una nube. Y aún sigo así, disfrutando. La maternidad la estoy viviendo como algo increíble, algo que parecía inalcanzable, un regalo que me llena de alegría.
Cuando me quedé embarazada, yo tenía clarísimo que quería amamantar fuera el tiempo que fuera. Al principio no fue fácil pero lo conseguí. Escuchar de algunas voces que mi leche a lo mejor era distinta, que mis pechos se volverían asimétricos y otras memeces, es algo que no me preocupa ahora, mi hija es maravillosa en todos los sentidos y yo sé que estoy haciendo lo mejor para ella.
Nuestra experiencia con la lactancia materna se acabará pronto, cuando ella pase los seis meses volveré a tomar tamoxifeno, un tratamiento hormonal que reduce la posibilidad de recidiva del cáncer. Como deseo tener más hijos, con mi oncólogo hemos decidido que tome la medicación de nuevo durante un año y después intente quedarme otra vez embarazada y por supuesto volver a la lactancia. Por desgracia, el tamoxifeno es incompatible con el embarazo y la lactancia.
Dando el pecho, he llorado de emoción y de dolor a veces pero no lo cambio por nada. El vínculo que ha supuesto la lactancia materna entre nosotras, es sólo nuestro. Ánimo a todas las mujeres a intentarlo y a aquellas que como yo se han encontrado con el cáncer de cara y quieran ser madres y amamantar, que no se agobien, que vean que hay mujeres que lo han conseguido. Aunque no lo parezca, somos muchas.
¡¡¡Mucha suerte y feliz día a todas!!!

E.D

Share

5 comentarios sobre “Mi testimonio con el cáncer y la lactancia

  1. Muchísimas felicidades
    Es genial leer y asi ver como se puede seguir con la vida hacia la maternidad con los obstáculos que has llegado a pasar.
    Vas a disfrutar muchísimo con tu pequeña, aprovecha cada momento que puedas con ella.
    Se lo duro que es pasar por todo esto, no nos conocemos pero si con alguien en común de tu trabajo. La vida hay que disfrutarla en cada momento. Felicitats

  2. Gracias por compartir tu historia Eli. Tenemos un bebé de 3 meses en casa y la verdad hemos llorado y nos hemos sentido cercanos a ti.
    Abrazos a ti y a tu familia

Responder a Javi Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *