Actualización: uso de la leche materna sobrante de la toma
En la actualidad (marzo de 2026), la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Academia de Medicina de la Lactancia Materna y diversas autoridades europeas recomiendan que, una vez que un bebé ha comenzado a tomar leche materna de un biberón, la leche restante se deseche una vez pasadas 2 horas. En el caso de la fórmula infantil, la recomendación suele ser aún más estricta: desecharla inmediatamente después de la toma.
Sin embargo, la Academia de Medicina de la Lactancia Materna (ABM) señala también que el tiempo durante el cual la leche podría mantenerse a temperatura ambiente tras una alimentación parcial dependería, teóricamente, de varios factores: la carga bacteriana inicial de la leche, el tiempo transcurrido desde su descongelación y la temperatura ambiental.
A pesar de estas recomendaciones, existe poca evidencia científica directa que permita establecer límites claros.
El siguiente artículo se basa principalmente en dos estudios:
Primer estudio
Desechar la leche materna sobrante supone un problema relevante para muchas familias, tanto desde el punto de vista económico como emocional. En la encuesta realizada para este estudio, el 46 % de los madres/padres indicó que desecha leche sobrante a diario, mientras que el 84 % afirmó que la conservaría durante más tiempo si se considerara segura.
Diseño del estudio
El estudio incluyó una encuesta a 1.056 madres y padres y un análisis microbiológico de muestras procedentes de 44 bebés (27 alimentados con fórmula y 17 con leche materna).
Se recolectaron muestras de la boca de los bebés y de los biberones tras la alimentación, con el objetivo de evaluar el crecimiento bacteriano en la leche sobrante a lo largo del tiempo.
Las muestras se incubaron a 4 °C (refrigeración) y 20 °C (temperatura ambiente) durante 4, 8 y 24 horas, para observar la evolución de la carga bacteriana.
Resultados principales
En la leche materna, después de 4 horas de incubación tanto a 4 °C como a 20 °C, la mediana de la carga bacteriana se mantuvo estable, tanto en las muestras recogidas antes como después de la alimentación.
Tras 8 horas de almacenamiento a cualquiera de las dos temperaturas, los recuentos bacterianos de las muestras de leche materna previas a la alimentación seguían dentro de los rangos iniciales.
En el caso de la fórmula infantil preparada correctamente (con agua hervida, mezclada con la fórmula y posteriormente enfriada), la carga bacteriana inicial antes de la alimentación fue menor que en la leche materna, y no se observaron cambios significativos entre las 0, 4 y 8 horas, ni a 4 °C ni a 20 °C.
El único aumento significativo de la carga bacteriana se observó en la fórmula después de la alimentación tras 24 horas a 20 °C.
Origen de las bacterias
En las muestras de leche materna, la mayoría de las especies bacterianas identificadas tras la alimentación ya estaban presentes antes de la toma.
En cambio, en la fórmula, la mayoría de las bacterias detectadas tras la alimentación provenían de la flora oral de los lactantes.
En tres casos en los que la fórmula se preparó accidentalmente con agua del grifo sin hervir, la carga bacteriana inicial fue mayor. Sin embargo, tras la alimentación, la carga bacteriana resultó similar a la de la fórmula preparada con agua hervida.
Interpretación de los resultados
Diversos estudios previos (2) han demostrado que la leche materna fresca almacenada en refrigeración (4 °C) puede mantener un crecimiento bacteriano mínimo o nulo durante hasta 4 días, en línea con las recomendaciones de los CDC.
No obstante, en la práctica cotidiana no siempre es posible refrigerar inmediatamente un biberón parcialmente consumido. Por ello, este estudio también analizó el comportamiento de la leche sobrante a temperatura ambiente.
Los resultados mostraron que la carga bacteriana permaneció estable y por debajo de niveles preocupantes durante:
- hasta 8 horas en refrigeración
- entre 4 y 8 horas a temperatura ambiente
Estos hallazgos cuestionan parcialmente las recomendaciones actuales que exigen desechar inmediatamente la leche sobrante.
Una revisión de las directrices basada en evidencia podría reducir el desperdicio de leche y la carga económica para las familias, sin comprometer la seguridad infantil.
Desde una interpretación conservadora, los autores consideran que los datos respaldan que la leche sobrante podría administrarse de forma segura hasta 4 horas después de la primera toma, que es el intervalo más relevante en la práctica para los cuidadores.
Segundo estudio
Resumen del estudio
En este estudio de 2022 se analizó la microbiota de la leche materna extraída antes y después de la alimentación con biberón, y se examinó la supervivencia bacteriana en la leche materna almacenada a 4 °C.
Se recogieron muestras de leche materna extraída de 11 díadas, antes y después de la alimentación con biberón, y se examinaron inmediatamente (0 h) y después de almacenarlas durante 3 y 12 h a 4 °C.
Se encontraron bacterias en la leche materna antes de la alimentación y el componente principal de la microbiota cambió de especies de Staphylococcus a Streptococcus después de la alimentación.
Estos resultados ya nos sugerían que el excedente de leche materna extraída podía conservarse de forma segura en el refrigerador durante al menos 12 h después de la alimentación con biberón.
Conclusiones
En conjunto, los estudios disponibles hasta la fecha sugieren que el crecimiento bacteriano en la leche materna sobrante tras una toma con biberón podría ser más limitado de lo que asumen las recomendaciones actuales.
Tanto los datos microbiológicos recientes como investigaciones previas indican que, en condiciones habituales de manipulación y almacenamiento, la carga bacteriana de la leche materna permanece relativamente estable durante varias horas, incluso después del contacto con la boca del lactante.
Aunque estos hallazgos no son suficientes por sí solos para modificar las guías oficiales, sí aportan evidencia preliminar que invita a revisar críticamente las recomendaciones vigentes.
Una evaluación más amplia y basada en datos podría permitir establecer límites de conservación más realistas, reduciendo el desperdicio de leche materna y la carga económica y emocional para las familias, sin comprometer la seguridad de los lactantes.
Autoras
Sheila Piñol – Enfermera e IBCLC
Eva González – IBCLC
Referencias bibliográficas
(1) https://www.medrxiv.org/content/10.64898/2026.02.13.26346179v1.full
(2) (https://academic.oup.com/nutritionreviews/article-abstract/79/5/529/5842219?redirectedFrom=fulltext /