Cura húmeda de las heridas del pezón durante la lactancia: qué evidencia existe y qué debe priorizarse
La cura húmeda de las heridas del pezón no dispone actualmente de evidencia clínica robusta que demuestre que acelera la cicatrización. Los apósitos de hidrogel y otras intervenciones hidratantes pueden proporcionar alivio sintomático y proteger temporalmente la lesión, pero la prioridad asistencial debe ser identificar y corregir el traumatismo que la mantiene: una postura inadecuada, una mala posición del lactante o un agarre superficial o doloroso.
¿En qué consiste la cura húmeda?
La cura húmeda pretende mantener la superficie de una herida en un grado controlado de humedad, evitando tanto la desecación como la formación de una costra adherida. En el pezón se ha aplicado principalmente mediante apósitos de hidrogel, películas semipermeables o protectores gelificados colocados entre las tomas.
La explicación fisiológica es plausible: un ambiente húmedo puede facilitar la migración de queratinocitos, reducir la exposición de las terminaciones nerviosas y disminuir la fricción con la ropa. También puede producir un efecto refrescante y aliviar el dolor. Sin embargo, esta base fisiopatológica no demuestra que la intervención sea eficaz en las grietas producidas por la lactancia, donde la herida se somete a traumatismo repetido y permanece expuesta a humedad, leche y flora oral del lactante.
Además, cura húmeda no significa mantener el pezón constantemente mojado ni aplicar cualquier producto tópico. La humedad terapéutica requiere un equilibrio: el exceso de humedad puede producir maceración de la piel perilesional, irritación y mayor riesgo de complicaciones.
La evidencia más reciente: prometedora, pero insuficiente
La revisión sistemática más reciente centrada específicamente en las terapias hidratantes es la de Nakamura et al., publicada en Journal of Human Lactation en 2025. Analizó 24 estudios y 21 intervenciones, clasificadas según su grado de humidificación. Los estudios fueron muy heterogéneos en cuanto a los productos empleados, las poblaciones estudiadas, las intervenciones concomitantes y las medidas de resultado.
En 10 estudios —el 41%— una intervención más hidratante pareció ser más eficaz. Sin embargo, de los tres estudios clasificados como de alta humidificación, dos presentaban alto riesgo de sesgo y algunos trabajos comunicaron acontecimientos adversos. Los autores concluyeron que las intervenciones hidratantes muestran potencial, pero que la escasez de ensayos rigurosos y la heterogeneidad metodológica impiden establecer conclusiones sólidas. Por tanto, esta revisión no permite recomendar la cura húmeda como tratamiento estándar ni afirmar que sea superior a los cuidados habituales.
Estos resultados deben interpretarse con prudencia. Una señal de beneficio en algunos estudios no equivale a evidencia de alta certeza. La mayoría de las investigaciones no compara exclusivamente “cura húmeda frente a cura seca”, sino productos concretos asociados a educación sobre lactancia, cambios en la técnica y seguimiento profesional. En consecuencia, es difícil determinar qué parte del beneficio procede del apósito y cuál de la corrección del problema mecánico.
La revisión sistemática y metanálisis de Nozimoto et al., publicada en Breastfeeding Medicine en 2024, incluyó 19 ensayos clínicos aleatorizados sobre intervenciones tópicas no farmacológicas para el dolor del pezón. La mayoría presentaba riesgo de sesgo incierto o alto, y la evidencia sobre dolor, cicatrización y efectos adversos fue considerada imprecisa. Los autores concluyeron que se necesitan ensayos de mayor calidad y con protocolos y resultados estandarizados.
La revisión Cochrane de Dennis et al., publicada en 2014, incluyó solo cuatro ensayos con 656 mujeres y concluyó que no existía evidencia suficiente para recomendar una intervención concreta para el dolor del pezón. La calidad global de la evidencia fue baja, principalmente porque los resultados procedían de estudios individuales con pocos participantes y comparaciones muy distintas. Aunque es una revisión anterior, sus limitaciones siguen siendo relevantes para interpretar la literatura posterior.
¿Qué muestran los estudios sobre hidrogel?
Los ensayos clínicos disponibles son pequeños y ofrecen resultados discordantes.
En el ensayo de Ziemer et al., publicado en Nursing Research en 1995, 50 mujeres utilizaron una película oclusiva durante la primera semana de lactancia. El apósito redujo el dolor, pero no produjo diferencias en la intensidad del eritema ni en la gravedad de las grietas. Este resultado sugiere que la cura húmeda puede mejorar el síntoma sin modificar claramente la evolución objetiva de la lesión. Nursing Research1995
En el ensayo de Brent et al., publicado en 1998, participaron 42 mujeres con dolor o lesión del pezón. El grupo tratado con hidrogel evolucionó peor que el grupo que recibió una estrategia protectora alternativa y educación sobre la técnica de lactancia; además, se observaron más infecciones en el grupo del apósito húmedo, lo que obligó a interrumpir el estudio. Aunque el tamaño muestral fue reducido y el producto pertenece a una generación antigua de apósitos, este estudio recuerda que la oclusión no es necesariamente inocua.
Por el contrario, el ensayo de Dodd y Chalmers, publicado en Journal of Obstetric, Gynecologic & Neonatal Nursing en 2003, incluyó 106 mujeres y observó una mayor reducción del dolor con hidrogel que con el comparador. Sin embargo, los resultados de seguridad y tolerabilidad fueron diferentes a los del estudio de Brent. La discordancia entre ambos ensayos impide considerar probado un efecto consistente del hidrogel sobre la cicatrización o la prevención de complicaciones.
En conjunto, la evidencia sugiere, como mucho, un posible efecto sobre el alivio del dolor. La demostración de una mejor cicatrización es mucho más débil.
La causa mecánica debe ocupar el primer lugar
Las grietas del pezón no son principalmente un problema de “falta de hidratación”. Con frecuencia reflejan una aplicación repetida de fuerzas de tracción, compresión y fricción durante la succión. La revisión de Douglas, publicada en Women’s Health en 2022, plantea que el tratamiento debe centrarse en eliminar las fuerzas mecánicas anómalas durante la extracción de leche y evitar tanto la desecación como la sobrehidratación del epitelio.
Por ello, la intervención inicial debería incluir:
- observar una toma completa;
- revisar la postura materna y la posición del lactante;
- comprobar que el cuerpo del lactante esté alineado y próximo al pecho;
- favorecer un agarre amplio y profundo, con mayor parte de la areola dentro de la boca;
- valorar si el dolor persiste durante toda la toma;
- observar la forma del pezón al finalizar: un pezón comprimido, aplanado o con una línea de presión sugiere traumatismo mecánico;
- revisar el uso del sacaleches, el tamaño de la copa y la presión de vacío.
El documento clínico Breastfeeding Challenges, publicado en Obstetrics & Gynecology en 2021, recomienda una historia y exploración dirigidas, la observación directa de la toma y la valoración de problemas de agarre, traumatismo por extracción, dermatosis, infección, vasoespasmo y alteraciones anatómicas del lactante. El producto tópico no debe sustituir esta evaluación.
¿Puede utilizarse la cura húmeda?
Puede considerarse como medida complementaria e individualizada, especialmente cuando el objetivo inmediato es reducir el dolor o proteger la lesión del roce. Si se utiliza un hidrogel, debe emplearse un producto diseñado para este fin, siguiendo las instrucciones del fabricante, con higiene adecuada y vigilancia de la piel.
Debe retirarse antes de la toma salvo que el fabricante indique expresamente lo contrario. Si aparecen maceración, piel blanquecina o reblandecida, aumento del eritema, secreción, mal olor o empeoramiento del dolor, debe suspenderse y reevaluarse. La humedad excesiva puede dañar los bordes de la herida; en el tratamiento de heridas, el objetivo no es maximizar la humedad, sino mantener un equilibrio adecuado.
Conclusión
La cura húmeda de las heridas del pezón tiene una justificación biológica y puede aliviar el dolor, pero la evidencia publicada es escasa, heterogénea y de baja certeza. No se ha demostrado de forma robusta que acelere la cicatrización ni que deba recomendarse de forma rutinaria.
Referencias bibliográficas
- Nakamura, M., Luo, Y., & Ebina, Y. (2025). Systematic review on the efficacy of moisturizing therapy in treating nipple trauma and nipple pain. Journal of Human Lactation. https://doi.org/10.1177/08903344241301401
- Nozimoto, I. N. P., da Silva, B. A., Bandeira, M. D., da Silva, A. P., Bussadori, S. K., Santos, E. M., & Martimbianco, A. L. C. (2024). Nonpharmacological interventions for treating breastfeeding nipple pain: Systematic review and meta-analysis. Breastfeeding Medicine. https://doi.org/10.1089/bfm.2024.0043
- Dennis, C.-L., Jackson, K., & Watson, J. (2014). Interventions for treating painful nipples among breastfeeding women. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2014(12), Article CD007366. https://doi.org/10.1002/14651858.CD007366.pub2
- Ziemer, M. M., Cooper, D. M., & Pigeon, J. G. (1995). Evaluation of a dressing to reduce nipple pain and improve nipple skin condition in breast-feeding women. Nursing Research. https://doi.org/10.1097/00006199-199511000-00005
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- Dodd, V., & Chalmers, C. (2003). Comparing the use of hydrogel dressings to lanolin ointment with lactating mothers. Journal of Obstetric, Gynecologic & Neonatal Nursing. https://doi.org/10.1177/0884217503255098
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- Eriksson, E., et al. (2022). Chronic wounds: Treatment consensus. Wound Repair and Regeneration. https://doi.org/10.1111/wrr.12994