El recetario: los dogmas y la maternidad

El recetario: los dogmas y la maternidad

Las recetas…

 

No, no existe ningún recetario. Cada bebé es único y extraordinario en su propia individualidad. Cada madre maravillosamente humana e invencible con más o menos hijos, con sus horarios, con más o menos ayuda, con sus ideas e ideales. Cada pareja con situación, con su cotidianidad. Cada casa con sus aes y sus bes y sus rutinas, temperaturas y ruidos…

 

No. Es absolutamente imposible, que no os engañen.

 

Es muy habitual que las madres acudamos a profesionales del acompañamiento ㄧya sea sanitarios o noㄧ, en busca de respuestas a dudas del camino de la crianza, respuestas concretas a modo receta, para facilitar el proceso, porque nos sentimos perdidas y nos descuadran de manera demasiado habitual todos aquellos dogmas y manuales que hemos engullido con devoción. Porque las necesidades de uno chocan con las emociones del otro, porque la realidad supera la ficción, porque estamos cansadas y criar y maternar es bonito pero es muy duro.

 

“¿Cómo puedo dormir más? ¿Cómo desteto? ¿Cómo hago para que no quiera estar todo el día encima de mí” y un largo etc.

 

¿De qué manera debemos responder las personas que estamos al otro lado?

 

Mi opinión es, sin duda alguna, que no hay que dar recetas, y no hay que darlas porque las madres, somos capaces de escoger el camino que nos conviene, y somos capaces de escogerlo con autonomía. El poder que surge de nosotras mismas cuando nos convertimos en madres. El problema está en que no nos lo creemos, en que cuando nos quedamos embarazadas nos empapamos de información que convertimos inconscientemente en dogmas, y los dogmas en la crianza y relación entre humanos no existen porque todos somos rematadamente diferentes.

 

De nuevo, en mi opinión, deberíamos escuchar, informar y empoderar a las madres para que tomen sus propias decisiones.

¿De qué sirve decirle a una madre cómo estructurar sus noches? ¿Cuándo sí y cuando no le debe dar el pecho? ¿Cómo debe dormir a su bebé?… Abarrotando su cerebro de prohibiciones.

¿Por qué nos creemos con el derecho o la autoridad de decirle a una madre lo que “NUNCA” debe hacer?

Dentro del “mundillo” de la crianza respetuosa hay una marea negra de “cosas que NUNCA debes decirle a tu hijo/a”, “cosas que NUNCA debes hacer para destetar”, “cosas que NUNCA debes hacer para dormir”…

 

Crianza respetuosa… ¿En serio?

El respeto una lo siente y lo traspasa, no necesitamos que nadie lo defina. En la maternidad sobran los/as gurús y los egos estorban. Ninguna mujer los necesita. Lo que necesitamos son opciones y tiempo para poder sopesarlas, ver cómo nos hacen sentir, y creernos capaces de tomar decisiones.

¿No es más bonito y más humano decirle a esa madre que ella SABE perfectamente cuáles son sus herramientas y acompañarla a buscarlas?

¿No es mucho más natural, tenderle la mano, escucharla, informarla, invitarla a quemar los manuales y que sea ella la que escriba a puño y letra su propio plan?

 

Todas tenemos nuestras ideas, nuestras mochilas, nuestros límites, nuestras logísticas, nuestras emociones y nuestros conocimientos.

Como profesionales y expertas/os debemos poder traspasar nuestro saber en forma de información dando autonomía a las mujeres, mostrándoles su propio espejo para que se vean capaces, grandes y bravas. Debemos ayudar a desenredar su propio ovillo para que puedan tirar y tejer con él su camino particular. Desmitificando, soltando lastres y mirando su propia realidad que nadie mejor que ellas conocen y comprenden. Preguntas poderosas para respuestas sinceras y maravillosas.

 

Si existieran recetas, éstas deberían ser para las/os que acompañamos: así de simple y a la vez, así de complejo: manos quietas, mirada sincera y oídos abiertos.

 

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